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IT´S A WONDERFUL LIFE: UNA FELICITACIÓN FILOSÓFICA DE LA NAVIDAD

José Sanmartín Esplugues

José Alfredo Peris Cancio

José Sanmartín Esplugues y José Alfredo Peris Cancio 

Resumen:

La película de Capra It´s a Wonderful Life va mucho más allá de lo que sería un mero cuento navideño. Permite una reflexión filosófica sobre el sentido de la Navidad. De este modo pone de relieve que no hay nada más central tanto para la filosofía como para el cine que dar cuenta sobre el sentido del otro. Se trata de algo completamente necesario en tiempos como el nuestro en los que el sentido compartido de la unidad de la familia humana puede verse amenazada por propuestas de progreso como las que surgen del transhumanismo o por las prácticas de indiferencia hacia la suerte de inmigrantes y refugiados.

Palabras clave: Navidad, sentido del otro, filosofía, cine, transhumanismo, migrante, refugiados.

Abstract:

The film from Capra It’s to Wonderful Life goes far beyond what would be a mere Christmas story. It allows a philosophical reflection on the meaning of Christmas. In this way he emphasizes that there is nothing more central for philosophy and cinema than to give an account of the meaning of the other. It is something completely necessary in times like ours in which the shared sense of the unity of the human family can be threatened by proposals for progress such as those that arise from transhumanism or by practices of indifference towards the fate of immigrants and refugees.

Keywords: Christmas, sense of the other, philosophy, cinema, transhumanism, migrant, refugees.

1. IT´S A WONDERFUL LIFE NO ES UN CUENTO NAVIDEÑO, PERO PERMITE UNA FELICITACIÓN FILOSÓFICA DE LA NAVIDAD

It´s a Wonderful Life (1946) – ¡Qué bello es vivir!– , mucho más que un cuento de Navidad

En la entrada 39 de esta web de la Red de Investigaciones Filosóficas SCIO, dedicada a Frank Capra, señalábamos que It´s a Wonderful Life es mucho más que un cuento de Navidad. Permítasenos recuperar lo que en ese lugar argumentábamos.

… en It´s a Wonderful Life hemos comprobado que no se trata de una película navideña habitual. No subraya las costumbres, los ritos con los que se celebran estas fiestas en Estados Unidos, o en el mundo occidental. Más bien su presencia habitual en TV durante esas fechas la que le ha conferido esa connotación. Pero éste es un dato extrínseco, dado el tiempo que ha esto libre de derechos de emisión era fácil su pase televisivo.

Porque es plenamente navideña en el sentido genuino de la Navidad.

Continuábamos exponiendo, que, a pesar de no ser un cuento prototípico de Navidad, transmite el genuino sentido de ese misterio.

Sin embargo, mantenemos sin ambages que se trata de una película plenamente navideña, en el sentido genuino de la Navidad. La manifestación de Dios hecho carne, pobre y humilde en un portal, subraya la epifanía de la verdadera humanidad. Recordemos que Capra ha filmado esta película en 1946, tras sus documentales sobre la guerra, tras el horror vivido durante la Segunda Guerra Mundial. No es un pensamiento ingenuo, una reedición de “Polyanna”, la novela de Eleanor H. Porter. Es una reafirmación de lo más valioso en la vida, frente a las graves amenazas que pueden hacerlo desaparecer.

Capra de regreso a Estados Unidos sabe que se ha ganado la batalla militar. Pero duda que se pueda predicar lo mismo de la controversia cultural. El afán de los totalitarismos por construir la sociedad desde el poder político, económico y tecnológico puede seducir a la propia democracia estadounidense. Ahora el enemigo no estará al otro lado de la línea de batalla, ni en los grupos de presión denunciados en la preguerra. Su lugar será, como en el caso de George Bailey, el propio corazón humano.

Por eso, consideramos que el visionado de este filme constituye verdaderamente una felicitación filosófica de la Navidad.

¿Una felicitación “filosófica” de la Navidad?

Sí, querida lectora o lector. No nos hemos equivocado. No hemos puesto “fílmica” o “cinemática” de la Navidad. Sino “filosófica”. Y ello apunta en una doble dirección.

A la filosofía le recuerda su misión de elevar el pensamiento. Algo así como que un texto será filosófico si ayuda, promueve o incita a mejorar el propio pensamiento. De lo contrario, será otra cosa, ni mejor ni peor, pero ayuna de nervio filosófico.

Al cine lo libera de ser un mero resultado previsible de la tecnología que lo ha hecho posible -a partir del punto cero de una cámara filmando-. O un arte formal -un análisis de los recursos estilísticos del medio-. De este modo se le resitúa donde ha conseguido estar. Las películas han llegado a ser el medio más enriquecido de presentar la vida de las personas[1].

Robert B. Pippin, en una entrevista recogida en este mismo blog lo argumentaba con vigor:

… en la filosofía anglófona y en el ambiente filosófico donde trabajo, la filosofía es considerada como un medio esencialmente conceptual que realmente no puede de ningún modo beneficiarse de la atención al arte, excepto como ejemplo o como ilustración filosófica, y quiero considerar al cine, a la novela, a la poesía y a la pintura como formas de pensamiento reflexivo en sí mismas, no como ejemplos o análisis conceptuales, sino como contribuciones independientes que necesitamos si queremos tener una versión completa de autoconocimiento[2].

Ambas direcciones tienen un tronco común: ni la filosofía es para los profesores del gremio, ni el cine para los cineastas. Entonces, ¿para quién? Lo vamos se señalar de manera muy radical: “para el otro”. Es decir, para un modo correcto de pensar en el que no se nos prive de lo más esencial: hacer justicia a nuestra intrínseca entraña relacional. Nosotros somos natural y esencialmente seres-de-vínculo. Por naturaleza estamos inclinados a vincularnos, a relacionarnos, con el otro[3].

2. IT´S A WONDERFUL LIFE Y LA PRESENCIA DE LOS OTROS EN NUESTRAS VIDAS

It´s a Wonderful Life y el otro

Volvamos a la película con la que queremos felicitar la Navidad. Damos por sentado que los lectores la tienen presente. De lo contrario, y en aras de la concisión, no nos queda más remedio que remitirnos a lo que hemos escrito sobre ella[4].

De ella queremos destacar un aspecto que hemos asociado a su final feliz. George Bailey se ha pasado toda su vida pensando en los demás y renunciando a sus más profundos anhelos. En el momento crítico de sus días, se ve atrapado por un agujero contable. Cree que la única solución es el suicidio. En ese mismo instante, quienes él percibe como destinatarios pasivos de su entrega comienzan a mostrar cuán importante ha sido y es para sus vidas. Hasta sus hijos más pequeños rezan por él. Su esposa moviliza a todos los conocidos. Y desde el Cielo, la Providencia envía a uno de sus ángeles.

George recibe de éste el don de ver su vida con una perspectiva insólita. Podrá ver a quienes forman parte de su biografía como si él no hubiese existido. Así se le revela algo fundamental: nuestras vidas están vinculadas; somos seres contingentes en sí pero necesarios para los demás. Podíamos, o no, haber nacido. Pero, desde el mismo instante de nuestro nacimiento, comenzamos a construir —a través de nuestras interacciones con el otro y con el entorno— un micromundo que, obviamente, sin nosotros no existiría. Es algo paradójico (que no contradictorio): el ser contingente que es cada persona deviene un ser necesario. Ya no hay, pues, razón para sentirse frustrado, fracasado. Las múltiples renuncias, los muchos sacrificios de George Bailey —al hacerse cargo de la cooperativa de empréstitos a la muerte de su padre, al dejar que sea su hermano quien vaya a la universidad y no él, a ni tan siquiera disfrutar de una luna de miel,…— se traducen en el bien de otros en su micromundo. Esos otros que vendrán en su auxilio como los verdaderos amigos. Y no cabe mayor riqueza que tenerlos.

El autismo amoroso

¿Qué se puede desprender de esta trama? ¿Qué pensamientos nos suministra que, a su vez, nos hacen pensar? George ha sido desde su infancia alguien que ha parecido vivir para los demás. Pero en realidad necesitaba aprender algo más. En palabras de Jean-Luc Marion, salir del autismo amoroso:

Lo que puede llamarse autismo del amor se expresa con una paradoja ya formulada por Pascal: yo digo amar a tal persona, pero la amo en tanto que la experimento en mis propias vivencias de conciencia como dotada de belleza, de lealtad, de inteligencia, de riqueza, de poder, de afecto hacia mí, etc., si desapareciesen algunas o la totalidad de estas vivencias, ¿podría yo asegurar que todavía la amaría? (Marion, 1993: 91-92)

Marion concluye:

El amor se identifica con las vivencias de mi conciencia no por un exceso de mi egoísmo que un poco de altruismo podría compensar, sino por una ley de mi conciencia; el otro no puede aparecerme, ni siquiera para amar, más que por las vivencias de mi conciencia; no se trata de moral, sino de fenomenología. Así, cuando experimento el amor -incluso, sincero- del otro, experimento primero no al otro, sino a mi vivencia de la conciencia. Al suponer que así amo aún a otro distinto de mí, al menos le amo en mí. (Marion, 1993: 92)

¿Un callejón si salida?

Marion encuentra en la filosofía de Levinas[5] la salida a este planteamiento aporético:

Resulta así definitivamente claro que el otro al que mi amor pretende amar deberá siempre trascender mi conciencia sobrepasándola, lo mismo que el horizonte, cuya línea -a medida que se avanza- retrocede otro tanto. (Marion, 1993: 95).

El otro no aparece en la conciencia como un objeto que atrapo, no es un algo, sino alguien que me “desestabiliza”, me “desbarata” esa falsa sensación de querer tenerlo todo bajo control:

… el otro no resulta accesible a partir de la conciencia intencional, sino al precio de su intencionalidad misma… Yo no accedo jamás al otro a partir de la conciencia que tomo al respecto, sino siempre al encuentro de esa toma de conciencia ( de él por mí). Yo no accedo al otro a partir de la conciencia que tomo de él, él se impone a mí por la inconsciencia en que él reduce mi conciencia. Del otro, que se hurta como objeto visible, yo no puedo sino experimentar pasivamente la invisibilidad, perder al respecto la conciencia. El otro, o mi pérdida de conciencia. (Marion, 1993: 95)

De la pérdida de conciencia hasta la pérdida de existencia

En It´s a Wonderful Life Capra nos representa un paso más. Para que George pueda ver a los otros como tales, su pérdida de conciencia se radicaliza hasta llegar a ser como una pérdida de existencia. En la “pesadilla”, George ve cómo sería el micromundo de Bedford Falls (su localidad) si él no hubiera existido. El ángel (por cierto, sin alas) Clarence que le ha facilitado tal visión, le aclara entonces:

Clarence: “La vida de un hombre afecta a tantas otras vidas. Y cuando no está, deja un vacío enorme, ¿no?”

La expresión sobre todo se cumple en George mismo. Haber hecho cosas nobles y bellas por los demás es de valor inferior a reconocerlos como otros, como prójimos y seres queridos. Ha sido la propia “medicina del ángel” para sacar a George de su conciencia atormentada.

Guardián: “¿Cómo cayó al agua?”.

Clarence: “No me caí. Me tiré para salvar a George”.

George. “¿Cómo? ¿Para salvarme?”

Clarence: “Y lo conseguí, ¿no? Al final no lo hiciste, ¿no?”

George: “¿No hice qué?”

Clarence: “Suicidarte”.

Debo al otro hacerme también yo insustituible

Socorrer al necesitado ha rescatado a George de sí mismo. Marion parece un comentarista de esta escena —aunque en modo alguno lo sea de modo explícito— cuando escribe de modo conclusivo:

Debo al otro -bajo su mirada absolutamente insustituible hasta la desnudez- hacerme también yo insustituible, individualizado y desnudo. La exposición del otro me ordena exponerme a ella para recogerla, mantenerla y protegerla. Yo recibo mi individualidad insustituible de la avanzada del otro en su mirada; yo me recibo, pues, como insustituible de su propio éxtasis; yo le recibo como tal porque él me provoca a que yo mismo me haga un tal… El otro me adviene precisamente como tal porque me convierte en indispensable: la conminación se ejerce como una convocación, (Marion, 1993: 95)

Nos llevaría muy lejos trasladar por completo la argumentación de Marion. Pero hemos de explicar, al menos, que el concepto de la mirada del otro es lo que deja constancia de lo inaprensible. La pupila es un agujero: lo que veo es un reconocimiento de que no lo lleno yo, sino que expresa algo que viene de fuera. Es la realidad y el signo del otro. La conminación es la consecuencia de la otredad: debo reconocer al otro también para saber quién soy.

El cruce de las miradas

La parte más dura de la “pesadilla” de George radica en la frialdad inexpresiva de las miradas hacia él. Decepcionantes, pero soportables en sus amigos. Asfixiante en la falta de reconocimiento de su madre. Demoledora en el pánico que su esposa —ahora, una mujer soltera de apariencia triste— experimenta ante la visión y las palabras de quien dice ser su marido. Ella —porque George Bailey no ha existido— lo verá tan sólo como un acosador y pedirá ayuda.

No ser mirado, ser invisible, ha tenido por resultado que George experimente que ha perdido la vida. No encontrará argumento alguno que pueda cambiar la situación. La vida no la crea nuestra inteligencia, ni la diseña nuestra razón. Sólo tiene un punto de partida posible, acogerla como don. Por eso George reza para salir de la “pesadilla”:

George: “¡Ayúdame!  ¡Tráeme de vuelta! ¡No me importa lo que me pase!

¡Devuélveme a mi mujer y a mis hijos! ¡Ayúdame, Clarence, por favor! ¡Por favor! -ha aprendido a suplicar de modo humilde- ¡Quiero vivir otra vez!

¡Quiero vivir otra vez! Quiero vivir otra vez, por favor, Señor, déjame vivir otra vez”.

3. UNA DISPOSICIÓN NATURAL QUE SE PUEDE POTENCIAR O ANULAR POR LA CULTURA

La neurociencia y las neuronas espejo

La explicación filosófica de Marion, deudora explícitamente de la de Emmanuel Levinas es corroborada por la neurociencia. Como ya adelantábamos en la nota 3 de esta entrada:

La respuesta de la neurociencia comienza a ser clara: nuestro cerebro está preparado para captar gestos de otros y, a través de esa captación, simular mentalmente las emociones que esos otros tienen. ¿Cómo es posible? Pues, entre otras cosas, porque el ser humano está dotado de un conjunto especial de neuronas que se activan involuntariamente cuando ve realizar a otro determinadas acciones como si las estuviera realizando él mismo. Tales neuronas parecen reflejar las acciones en cuestión: de ahí su nombre de neuronas espejo o neuronas especulares. (Sanmartín Esplugues, 2016: 29)

El éxito del cine, añade Sanmartín, se explica por la existencia de estas neuronas y su funcionamiento. Mediante ellas no sólo simulamos mentalmente lo que vemos hacer a otros —especialmente a nuestros congéneres—. Simulamos mentalmente las emociones que esos otros traslucen a través (en particular) de sus gestos faciales. Ésa es la base primaria del aprendizaje sobre la que, luego, las cogniciones podrán ir añadiendo ítems hasta dar forma particular a la vida de cada cual, a su biografía. Pues bien, lo realmente interesante en el caso humano es que nodos en esa especial red creada por la vinculación inconsciente propiciada por las neuronas espejo pueden ser personas u otros seres vivos, e incluso entes productos de nuestra imaginación —no sólo pues congéneres reales realizando acciones determinadas—.

También aprendemos inconscientemente, pues, de la vida imaginada. Y ¿cuál es el elemento que más vida imaginada produce? El cine, desde luego.

En ese sentido el cine configura al ser humano. El cerebro de quien va a una sala de cine y asiste a una proyección no es el mismo cuando entra que cuando sale de tal lugar. Su conducta futura, pues, podrá ser distinta — no necesariamente distinta, porque hay muchos otros factores asimismo influyentes en el quehacer en que consiste la vida de cada cual—. Así se da satisfacción también a la raíz de la actitud humana de reproducir la realidad, que tanto captó la atención de Julián Marías (Marías, 1971).

Esta disposición neuronal no anula la libertad del ser humano. Hasta cierto punto el ser humano se encuentra en disposición de desarrollar su naturaleza en un sentido u otro. Personalmente a través de su inteligencia y libertad. Social o comunitariamente a través de la cultura (Peris-Cancio, 2016: 155-158).

El cine puede convocar lo mejor del ser humano

El cine convoca por su capacidad de presentar asuntos humanos. Comprobamos que tiene una clara potencialidad para mejorar la vida de las personas. Al respecto han reflexionado con penetración tanto Cavell (2003), como Lastra (2010). Sobre el primero señala William Rothman:

… las obras de Cavell sobre cine… expresan gratitud por el grandioso y siempre enigmático arte cinematográfico, cuya historia está marcada, como la de ningún otro arte lo está, por obras que lograron atraer al público de todas las clases sociales, de prácticamente todas las edades y de todos lo rincones del mundo en los que se haya montado un proyector y desplegado una pantalla. (Rothman, 2003:  62)

Por su parte, Antonio Lastra abunda en las razones que unifican el cine con la filosofía.

Si la filosofía es una recuperación o un ascenso hacia la felicidad, lo que el cine sabe del bien es que se trata de una recuperación o un ascenso hacia la felicidad… El cine tradicionalmente es un espectáculo de masas, pero otra forma de decirlo sería que el cine es el arte de la democracia. Con la primera formulación denigramos un fenómeno estético y político; con la segunda ennoblecemos una vertiente pedagógica…. ¿Es el cine y lo que pensamos y decimos sobre el cine, digno de alabanza? ¿Es el cine —no sólo en la perspectiva del espectador— propio de hombres libres e iguales? ¿Qué lugar ocupa el cine en una cultura sana? ¿Es la democracia una aspiración a tener una cultura sana? (Lastra, 2010: 114-115)

La aspiración más elevada del hombre y el “pecado original”

El cine y la filosofía son propios de personas que quieren vivir con libertad e igualdad. Pero nuestros tiempos requieren que seamos conscientes de las amenazas que experimenta este ideal. El preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 señala:

… que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad; y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias[6]

Capra, en It´s a Wonderful Life ya percibe que ese noble ideal que se estaba recogiendo tras la Segunda Guerra Mundial tenía poderosos enemigos dentro de casa. El personaje del tío Billy califica expresamente así al magnate H. C. Potter. Entre todos los villanos de Capra, éste presenta un especial grado de malignidad. Su lógica financiera marca una clara diferencia entre los seres humanos: los que triunfan porque hacen de la búsqueda del lucro a toda costa el objetivo de sus vidas y lo consiguen, y los que fracasan porque hacen de la fraternidad la guía de sus existencias. Y no tiene remordimientos para instar la desaparición de estos últimos. Expresamente sentencia a George que, en la medida que dispone de un seguro de vida, “vale más muerto que vivo”. Y no se detiene ante la posibilidad de estarle empujando al suicidio. Porque es cierto que todos tenemos neuronas espejo que nos llevan a revivir en nosotros los sufrimientos o las alegrías de los otros, lo que no significa desde luego que, al simular mentalmente el dolor ajeno, necesariamente nos sintamos compelidos a ayudarle. Hay personas, seres crueles, que esa simulación les causa indiferencia cuando no placer. 

Las neuronas espejo, pues, pueden movernos a la compasión y a la mutua ayuda. Pero no de una manera inexorable. A lo largo de los tiempos las distintas culturas han expresado esta ambivalencia por medio de doctrinas que convergen. El cristianismo la ha explicado por medio de la doctrina del pecado original, que en la versión católica sitúa a la naturaleza humana herida y deliyada por el pecado. Pero no enteramente suprimida en su dignidad. En nuestros días asistimos a una nueva cultura científica que se presenta como una mejor respuesta a la ambivalencia de la condición humana.

4. CRÍTICA DE LA RAZÓN CRUEL CONTRA UNA TECNOLOGÍA SIN HUMANISMO

Ni el ser humano tiene un carácter enfermizo, ni la naturaleza es hostil

En su “Crítica de la razón cruel” (Sanmartín Esplugues, 2018), José Sanmartín detecta que hoy existe un proyecto cultural, el transhumanismo, con raíces culturales en los últimos decenios[7]. Como George abatido ante Potter, el transhumanismo quiere potenciar la sensación de que el ser humano tiene un carácter enfermizo. Así, su lucha por superar el pecado original pasa a tener un carácter meramente tecnológico. Hay que dejar que la ciencia rediseñe a ese ser humano sin las taras que hoy percibimos en él.

Del mismo modo, para ese trasnhumanismo lo natural que percibimos en el ser humano debe ser asociado a una realidad hostil. La naturaleza no es un don. Es una amenaza. Nos ha suministrado diversas lacras, entre ellas, la misma muerte. La ciencia también nos liberará de ella. Nos prometerá, si no la inmortalidad, al menos algo muy afín: una vida infinita.

¿Para todos? Obviamente no. Para que algunos puedan disfrutar de ese super-desarrollo sin límites, otros han de quedar completamente a su servicio. La humanidad deja de ser familia humana. Se divide irremisiblemente entre poderosos y oprimidos. Para legitimar esta situación se podrá invocar perversamente a algunos maestros de la filosofía.

La propuesta de la razón humanitaria frente al disfrute con la crueldad

Y como ya sucediera con el III Reich y el ascenso de Hitler, vuelve a ser propicia la literatura filosófica de Nietzsche, su apelación  “moral del aristócrata”, basada en la codicia y la crueldad.

Lo que constituye la voluptuosidad dolorosa de la tragedia es la crueldad; lo que produce un efecto agradable en la llamada compasión trágica y, en el fondo, incluso en todo lo sublime, hasta llegar a los más altos y delicados estremecimientos de la metafísica, eso recibe su dulzura únicamente del ingrediente de crueldad que lleva mezclado. Lo que disfrutaba el romano en el circo, el cristiano en los éxtasis de la cruz, el español ante las hogueras o en las corridas de toros, el japonés de hoy que se aglomera para ver la tragedia, el obrero del suburbio de París que tiene nostalgia de revoluciones sangrientas, la wagneriana que “aguanta”, con la voluntad en vilo, “Tristán e Isolda”, lo que todos estos disfrutan y aspiran a beber con un ardor misterioso son los brebajes aromáticos de la gran Circe “crueldad”. En esto, desde luego, tenemos que ahuyentar aquí a la psicología cretina de otro tiempo, la cual únicamente sabía enseñar, acerca de la crueldad, que esta surge ante el espectáculo del sufrimiento ajeno: también en el sufrimiento propio, en el hacerse-sufrir-a-sí-mismo se da un goce amplio, amplísimo… (Nietzsche, 1975: 229)

Cuando Capra estrenó It´s a Wonderful Life difícilmente nadie se situaría junto al cruel financiero Potter —paradigma del egoísmo— en contra del altruista George. O mejor, serían muy extraños los que aplaudieran la codicia y la crueldad en contra de la generosidad y la compasión.

La razón humanitaria

Hoy, dramáticamente, las cosas están más turbias. Por eso, el director finlandés Aris Kaurismäki afirma con ironía: “Soy un fan de Frank Capra. Salvo que Capra era serio, y yo no. Hoy ya no existe la más mínima ocasión para ser serio” (Cieutat & Ciment,  2002: 19). Las reiteradas denuncias del propio Kaurismäki[8], se unen a las de Zygmunt Bauman o las del Papa Francisco[9]. Cada vez más van surgiendo propuestas que claman por una razón humanitaria que presida las formas de gobierno humano (Fassin, 2016, 2018).

No se trata de renunciar a las bondades de la ciencia y la tecnología. Se trata de articular una sociedad que deje de actuar de modo esquizofrénico. Que cesen una economía y una política que por un lado crean víctimas y por otro invocan la solidaridad y el voluntariado. Que se estableza un modo de vivir que garantice el derecho a la vida, a la libertad, a la solidaridad… de todos. Que haga posible que todos los derechos sean posibles para todos. Que esa lógica propia del voluntariado y la solidaridad, la razón humanitaria, presida la realidad política y económica.

5. CONCLUSIÓN: UNA VERDADERA FELICITACIÓN FILOSÓFICA Y NAVIDEÑA

La sabiduría de la repitición

En muchas familias de todo el mundo ver It´s a Wonderful Life forma parte de sus ritos navideños. Al terminar su visionado -una vez más- sienten cómo su mirada se ha purificado y así comparten la alegría de tenerse los unos a los otros. Aprecian que el gran regalo de su vida son las personas. Y se sitúan en la senda del verdadero espíritu de la Navidad.

Se trata de una costumbre que participa, por tanto, de la sabiduría de repetición, la que mueve la práctica religiosa de lo que los cristianos conocemos como “Año Santo” o “Calendario Litúrgico”. Volver a vivir los misterios del Nacimiento, Muerte, Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y del Envío del Espíritu Santo no es regresar sobre lo ya sabido, sino dar un paso más hacia la comprensión de lo inagotable.

Nadie es un fracasasado si tiene amigos

El cine parece participar de esa misma dinámica. Una película que nos ha conmovido profundamente nos espera para que volvamos a experimentar de nuevo una llamada hacia nuestra verdadera humanidad. “Nadie es un fracasado si tiene amigos” escuchamos al final de It´s a Wonderful Life. Y casi nos suena completamente sinónimo de “Feliz Navidad”, que es lo que ahora os deseamos, queridas lectoras, queridos lectores, con toda la alegría del mundo.

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NOTAS

[1] Ortega ha insistido en el fenómeno de la deshumanización del arte, como una advertencia cultural (Ortega y Gasset, 2016). Nosotros añadimos un matiz: con ello se cortocircuita la aportación de las artes a la filosofía. De ese proceso de alejamiento del arte de lo propiamente humano no participa el cine, al menos para Julián Marías, el cine mayoritario (Marías, 1971, 1992, 2017)

[2] Las películas en sí me parecen formas reflexivas de pensamiento. Entrevista a Robert B. Pippin. Blog de la Red de Investigaciones Scio,, https://proyectoscio.ucv.es/articulos-filosoficos/peliculas-formas-reflexivas-de-pensamiento/

[3] Somos seres de cuya naturaleza forma parte esencial la tendencia al vínculo con el otro. 

La neurociencia de nuestro tiempo viene en apoyo de lo dicho. Suponemos que ustedes habrán oído hablar de las neuronas espejo, un conjunto de neuronas que están en el cerebro de primates (y quizá de aves) y que, en el caso humano, por cierto se hallan en parte en el área de Broca (el área del lenguaje).

Y ¿qué hacen estas neuronas espejo, descubiertas el siglo pasado por Rizzolatti y su equipo? Permiten que el cerebro de quien observa hacer algo simule (mentalmente, pues) esa misma acción. Pero también posibilitan simular mentalmente las emociones que el otro trasluce a través, ante todo, de sus expresiones faciales. Y esa simulación es inducida inconscientemente.

De manera que, ya no sólo dos personas, sino un grupo —y por extensión— la humanidad entera sin ser consciente de ello está de hecho interconectada por un vínculo invisible: el que generan entre los miembros de la humanidad las neuronas espejo de cada cual.

[4] https://proyectoscio.ucv.es/ Frank Capra: compendio del personalismo fílmico en It’s a Wonderful Life. Partes 37-42. O a las espléndidas monografías de Antonio Lastra (Lastra, 2004), Ramón Girona (Girona, 2008); Michel Cieutat (Cieutat, 1990) o Charles Maland (Maland, 1980).

[5]  Cfr. la obra de Emmanuel Levinas (Levinas 1993, 2011 y 2012)

[6] Tomado de http://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/, captura 15/12/2018.

[7] Ya lo había detectado en sus obras Los nuevos redentores (Sanmartin Esplugues, 1987) y Tecnología y futuro humano (Sanmartín Esplugues, 1990a). Más recientemente lo había aplicado a la última crisis económica como expresión de crueldad en la toma de decisiones en Bancarrota moral: violencia político-financiera y resiliencia ciudadana (Sanmartín Esplugues, 2015)

[8] Sobre Kaurismäki, (Heredero, 1999);  (Brooke, 2017); (Carrera, 2012);  (Cieutat & Ciment, 2002); (Heredero & Fernández, 2014).

[9] Cfr. Bauman (2005, 2014, 2016, 2017); Papa Francisco (Francisco, 2016).

About the author

José Alfredo Peris Cancio & José Sanmartín

Profesores de la UCV San Vicente Mártir en el Grado en Filosofía.

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