Go to Top

LA REVELACIÓN ORIGINARIA: LA RELIGIÓN DE LA EDAD DE LOS METALES (VI)

Jacinto Choza

J. Choza, autor de este post

54.1.- Sincronía y autonomía de los espíritus. Ángeles y demonios.

En el siglo XXI aún viven en Europa algunas personas familiarizadas con el lenguaje imaginativo del neolítico y calcolítico y con sus ontologías correspondientes, y en África, Asia y América la mayoría, como lo estaban los hombres de la antigüedad y el medievo europeos. Ciertamente la modernidad ha producido en las culturas urbanas europeas un desencantamiento del mundo y un olvido del ser, en virtud del cual el lenguaje ordinario de esos medios culturales retiene tan pocos elementos de los lenguajes imaginativos del pasado, que en ellos se hace imposible el acceso al universo lingüístico y ontológico neolítico y calcolítico.

Cuando en los medios cultos europeos se usan esos lenguajes, la impresión de los oyentes es que lo que se dice no se entiende, no tiene sentido, resulta ridículo o es una creencia primitiva. No en toda Europa. Hay medios semi-urbanos y semi-rurales en que los lenguajes y las ontologías neolíticas mantienen una vigencia que permite el acceso de sus hablantes a ellos. Hay zonas en España, y en toda Europa en general, en que sus habitantes tratan con meigas, almas en pena, causan o padecen mal de ojo, y viven otros acontecimientos de los mundos neolíticos.

El desencantamiento del mundo y el olvido del ser

El desencantamiento del mundo y el olvido del ser se corresponden con el último de los tres estadios de Comte, aquí reformulados en cinco periodos de la especie humana, y con la última de las denominaciones del poder supremo que enumera Durkheim, mana, fuerza inteligente, Yahveh/Zeus, Ser y Energía. Lo que Durkheim dice de la secuencia Dios – Ser – Energía, puede decirse de las fórmulas químicas integradas en la ecuación de la fotosíntesis de Sachs, o de las ecuaciones de las elipses de las diferentes órbitas del universo.

La ecuación de Sachs en el paleolítico es mana, en el neolítico fuerza inteligente, en el calcolítico el arcángel Gabriel y los ángeles anunciadores de la fecundidad, en la antigüedad el actus essendi de la vida emergente y en la modernidad la ecuación de Sachs.

La ecuación de Sachs se cumple en cada vegetal, en todo momento, y se cumple en cada bosque y en cada campo cultivado, y puede ser representada imaginativamente mediante figuras de hadas, ménades, gnomos, ángeles de la guarda y espíritus, y lo mismo las ecuaciones de las elipses y de las fuerzas magnéticas, gravitatorias, etc., del universo. En general, las fórmulas matemáticas, físicas y químicas, que describen los procesos reales desde un punto de vista abstracto, objetivo y universal, representan a entidades que desde un punto de vista imaginativo, afectivo y concreto, se pueden describir como espíritus en general, como los espíritus singulares de los bosques, las minas, las montañas, los ríos, los reinos, los países, las constituciones, las aldeas y los municipios.

Los ángeles son los espíritus que se representan como el cordón umbilical y la placenta y la bolsa amniótica (esfera celeste) de todas y cada una de las criaturas. El punto donde la fuerza se inyecta y el ámbito donde lo finito queda entrañablemente acobijado, y donde le resulta posible ser sin disgregarse, sin disolverse. El regazo de un seno materno espiritual. Los espíritus reciben el poder y la fuerza del principio primero, del Uno, devuelven fuerza al padre y la transmiten también a todos sus dependientes, como las madres y los ángeles de Rilke y como los espíritus divinos de Hölderlin[1].

Hay ecuaciones físicas y químicas, o bien ángeles de la guarda y espíritus protectores, de las princesas, los héroes, los astronautas, los presidentes de gobierno, los deportistas de élite, y los más humildes campesinos. También de los niños, mujeres y ancianos que sufren hambre y opresión, pues tales carencias pueden expresarse igualmente mediante determinadas ecuaciones físicas y químicas, mediante determinadas deficiencias del “actus essendi”, o mediante determinadas intervenciones de los “malos espíritus”.

El número de dioses de los politeísmos neolíticos y calcolíticos es tan inabarcable como el número de veces que se cumplen las leyes de Kepler o Newton en el universo moderno, y tan inabarcable como el número de veces que se cumplen e incumplen las constituciones y leyes administrativas del mundo contemporáneo. En todos los casos esos principios reguladores designan un fundamento del ser y del operar, descritos desde determinada perspectiva lingüística, gnoseológica y ontológica.

El desencantamiento del mundo como el tránsito de visión

Lo que Max Weber llama desencantamiento del mundo es el tránsito de una visión y una nomenclatura del mundo como la de Homero y Novalis a una visión y una nomenclatura como la de Newton y Mendeleiev. Y seguramente Newton, que dedicó la mayor parte de su obra a las cuestiones teológicas, sabía que se trataba de un cambio de nomenclatura, de lenguaje, y también de mundo, aunque esto último no lo pudiera entender como Weber. 

Para cada molécula, cada célula, cada planta, cada animal y cada astro, hay unas cuantas ecuaciones físicas y unas cuantas ecuaciones químicas, una muy precisa relación con el fundamento y un determinado espíritu o alma. Y cada alma o espíritu está “toda en todo el cuerpo y toda en cada una de sus partes”[2], que es como está la gravedad en el universo, la elipse en las órbitas planetarias o la ecuación de Sachs en la fotosíntesis de los procesos vegetales.

Cuando todos esos principios funcionan según una articulación armónica sus leyes no registran anomalías, los sistemas de participación en el ser y de emanación de los eones expresan el orden metafísico del cosmos y los espíritus cantan en coros concordantes alabanzas al creador.

Cuando esa sincronía se rompe, las moléculas se emancipan de sus compuestos, las células se autonomizan de sus tejidos, los órganos se autonomizan del organismo, las comunidades se rebelan contra los estados, el orden metafísico de un grupo de entes se hace añicos y los espíritus, que antes entonaban cánticos concordes de alabanza, se convierten en demonios que desafinan y maldicen en sus gritos.  

Los poderes maléficos

Las deficiencias en el cumplimiento de esas leyes de organización, y las correspondientes autonomizaciones pueden ser designadas como acción de los poderes maléficos, posesión demoniaca, debilidad ontológica, “infirmitas”, epilepsia y enfermedad sagrada, autismo, cáncer, cometas errantes escapados de sus órbitas, campos de asteroides incontrolables, y como se designe en las diferentes culturas.

En la tradición cristiana occidental, y en el siglo XXI, se le llama “posesión” al tipo de deficiencia en algunas leyes que rigen la organización de los vivientes, en virtud de la cual los principios operativos de un viviente (la afectividad animal, la voluntad y la inteligencia humanas, por ejemplo) son suplantados por los principios operativos de otros vivientes, por los espíritus de otros vivientes, o por otros vivientes puramente espirituales, y pueden ejecutar operaciones que escapan a leyes establecidas por la ciencia empírica hasta ese momento, como pueden ser levitar, hablar en una lengua que no se ha aprendido, etc. En general, se trata de fenómenos que describen actividades de un sujeto individual que parecen gestionadas al margen de su sí mismo, desde un centro de control extra-individual, como podría ser el intelecto agente común a otra especie, el alma del mundo, otras leyes naturales u otros “espíritus”, etc. 

La creencia en los demonios

En contraste con América, Asia y África, en Europa hay poca gente que cree en los demonios y trata con ellos. Creer en los demonios y tratar con ellos no deriva del hecho de ser buen fiel de una religión, judía, cristiana o islámica, o no serlo. Los ministros católicos europeos (sacerdotes y obispos), no creen y no tratan con ellos, y los exorcistas católicos son pocos y no cumplen su función porque no tienen preparación y experiencia adecuada[3].

Los europeos no creen y no tratan con los espíritus, y los asiáticos y americanos sí, no porque los espíritus hablen chino o quechua y los europeos no conozcan esas lenguas, sino porque son pocos los europeos que conocen y hablan el lenguaje de los espíritus, es decir, que tienen el aparato cognoscitivo mencionado en la tabla del § 51 como tipo B 2-3, que hablan el leguaje C 2-3 y que viven en el mundo E 2-3.

La cultura europea en general, en el proceso denominado desencantamiento del mundo y olvido del ser, ha perdido los hábitos cognoscitivos de la imaginación intelectiva, los hábitos expresivos del lenguaje poético-imaginativo, y consiguientemente la referencia afectiva al fundamento, al universo de discurso de la ontología clásica europea, en un proceso que ha sido denominado muerte de Dios y pérdida de las creencias y que más adelante se examina.

NOTAS

[1]Cfr., Choza, J., Al otro lado de la muerte. Las elegías del Rilke., Pamplona: Eunsa, 1991. Lo propio de los espíritus divinos es precisamente eso, según la interpretación de Hölderlin del epitafio de Loyola: “non coerceri máximo, contineri tamen a minimo divinum est”, no ser abarcado por lo máximo y sin embargo estar contenido en lo mínimo, es divino, cfr. MORN§ 34 y nota 48.  

[2] Tomás de Aquino, Summa Contra Gentes, libro II, cap. 72, «el alma está toda en todo el cuerpo y toda en cada una de sus partes»,  porque: «el alma es el acto del “cuerpo orgánico” (Aristóteles, Sobre el alma, II, 1) y no de un solo órgano, y por eso está en todo el cuerpo, según su esencia.

[3]Luzón Peña, Javier, Las seis puertas del enemigo. Experiencias de un exorcista, Córdoba: Editorial Altolacruz, 2017. Cfrf. “Why exorcisms are on the rise in France. As the church loses interest, private enterprise has taken its place”, The Economist explains, Jul 31st 2017by A.R. | PARIS,

https://www.economist.com/blogs/economist-explains/2017/07/economist-explains-21

“Demand for exorcists is soaring in France. The Catholic church has left a big gap in the market”

The Economist, Print edition | Business, Jul 20th 2017 | PARIS

About the author

Jacinto Choza
Jacinto Choza

Jacinto Choza ha sido catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, en la que actualmente es profesor emérito. Entre otras muchas instituciones, destaca su fundación de de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF) en 1996, Entre sus última publicaciones figuran Antropología y ética ante los retos de la biotecnología. Actas del V Congreso Internacional de Antropología filosófica, 2004 (ed.). Locura y realidad. Lectura psico-antropológica del Quijote, 2005. Danza de oriente y danza de occidente, 2006 (ed).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.