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LA REVELACIÓN ORIGINARIA: LA RELIGIÓN EN LA EDAD DE LOS METALES (viii)

5.4.- Palabra y revelación. Fe, teología y ateísmo.

55.-De la teología imaginativa a la teología intelectual. Emergencia del espíritu.

 Anteriormente se ha explicado el modo en que las tribus paleolíticas se convierten en el neolítico en comunidades hablantes que se organizan mediante acuerdos verbales (MORN § 29). Esos acuerdos verbales promueven el tránsito de la vis y el fas al ius y a la lex, del juicio de dios o juicio mediante el poder, a un juicio mediante el conocimiento o mediante la palabra, lo cual es un proceso relacionado con el de la abolición de los sacrificios humanos.

La palabra hace posible el acuerdo y la comprensión porque hace posible la manifestación del interior del hombre y del “interior” de la sociedad. Esa manifestación externa de lo interior, la palabra, es lo que hace posible el pacto por el que se constituye el monopolio de la violencia legítima, es decir, el poder legitimado para hacer justicia y sentencias a muerte. A partir del momento en que la palabra hace posible la integración de tribus diversas en una sociedad, entonces puede empezar a haber también revelación, y las religiones pueden empezar a ser reveladas, que es lo que corresponde ver ahora

Vivir en el espíritu

Como se ha dicho antes (MORN §§ 36-37) en el neolítico el intelecto no está diferenciado de la imaginación, y la imaginación no está desvinculada de la realidad. Por eso el símbolo neolítico mantiene la referencia directa de la comunidad humana a lo sagrado. En el culto y la moral neolíticos la comunidad tiene presencia inmediata y directa de los poderes sagrados que le hacen vivir y ser, y a la vez la comunidad y cada uno de los individuos tienen presencia mediata e indirecta de esos poderes en la imagen generada en la interioridad social y en la interioridad personal.

La comunidad y cada uno de los individuos neolíticos viven por referencia a una realidad trascendente, extramental y externa a la que remite el símbolo, pero a la vez viven por referencia a esa realidad en la imagen interior, simbólica e inmanente, que su intelecto-imaginación ha formado en sí mismos. Viven en la realidad, en la realidad natural y en la realidad trascendente, pero a la vez viven en el espíritu, en un espíritu no diferenciado aún de la imaginación. Viven, más propiamente, en su alma, pues el alma es donde el intelecto y la imaginación constituyen una unidad.

Unidad de imaginación e intelecto

Ahí, en esa unidad de imaginación e intelecto, en el alma, es donde la realidad de la naturaleza y de los poderes sagrados, fundantes, es asumida, nombrada, recordada, y donde empieza a ser transformadora de la comunidad y los individuos. Es transformadora y, a la vez, transformada por esos individuos y esa comunidad a medida que es comprendida, representada, interpretada, obedecida, etc.

Esa imagen interior y viva de la realidad externa y trascendente pasa a ser, durante los milenios de la edad de los metales, la raíz y el núcleo de la revelación, su contenido, que es la relación las cosas reales con los poderes sagrados que las fundan, la relación de los entes con el fundamento. Una revelación que se expresa en términos imaginativos y míticos, y que a la vez empieza a expresarse también en términos conceptuales.

Expresiones imaginativas y expresiones conceptuales

Las expresiones imaginativas son las que provienen del culto oficial, de Homero y Hesíodo en Grecia, de los faraones y sumos sacerdotes en Egipto, los sátrapas y los magos en Babilonia, y las expresiones conceptuales son las que van apareciendo, junto con muchas expresiones imaginativas,  en los cultos particulares  de comunidades privadas, en las comunidades de las religiones mistéricas, en las elaboraciones de las doctrinas pitagóricas, órficas, herméticas, etc., no sin conflicto a veces, como se ha señalado y se verá más adelante con más detenimiento.

Durante el milenio que dura la antigüedad, desde que Sócrates descubre la esencia y el concepto, hasta que Proclo establece la correspondencia entre expresiones imaginativas y expresiones conceptuales, tiene lugar el desarrollo de la religión antigua o de la era axial, es decir, el desarrollo de la religión basada en el espíritu dado para sí mismo y que capta en sí mismo su fundamento. Es la religión de Zaratustra, Lao Tse, Buda, Isaías, Pitágoras, es decir, los descubridores del espíritu en los siglos VI y V AdC.

El estudio del espíritu en sí mismo

Al pasar al estudio del espíritu en sí mismo, tal como es dado para sí mismo, es decir, para los seres humanos de la era axial, se deja el punto de vista de las ciencias históricas y culturales, que aquí se ha denominado punto de vista de la exterioridad subjetiva, de la exteriorización y comprensión de las expresiones culturales por parte de las comunidades humanas, y se deja también el punto de vista de la ontología, que aquí se ha denominado punto de vista de la interioridad objetiva, de lo que las realidades son en sí mismas, en su esencia. Se pasa entonces al punto de vista de la fenomenología, que aquí se ha denominado punto de vista de la interioridad subjetiva, de lo que las cosas son para ellas mismas, y, cuando se trata del espíritu, de lo que el espíritu es para sí mismo. Ahora se trata, pues, de una fenomenología del espíritu.

El espíritu es el tipo de realidad que siempre está dada para sí misma, que siempre se siente a sí misma, siendo a la vez 1) el sentiente o vivenciante, 2) el sentir o vivenciar y 3) lo sentido o vivenciado, y que al vivenciarse a sí mismo con transparencia o autoconciencia, capta también de un modo u otro los poderes que lo hacen ser, su fundamento.

Cuando se trata del espíritu humano, en el grado de desarrollo que ha alcanzado al llegar a la antigüedad, esa comprensión de sí mismo y de los entes en general en su referencia a los poderes que le hacen ser, al fundamento, se puede dar y se da en tres órdenes que se constituyen diferenciadamente entonces, a saber, el de la religión, el arte y la filosofía, como ya se ha apuntado.

El espíritu es el tipo de realidad donde es más intensa la referencia al fundamento

El espíritu es el tipo de realidad donde la identidad y la diferencia entre autocognoscente, autoconocimiento y autoconocido es más intensa, y donde también lo es la referencia al fundamento. Del ser máximamente espiritual al ser máximamente material hay una gradación de mayor a menor intensidad en esa identidad y diferencia, y en esa referencia al fundamento.

Esta identidad, diferencia y referencia al fundamento se puede entender, vivenciar y denominar de tres modos:

1) cuando se vivencia desde el sí mismo en su integridad, desde lo que se llama el corazón o lo que Proclo denomina “el uno en mi”,  la actividad desarrollada se llama religión y mística, y es la que llevan a cabo por ejemplo Lao Tse e Ibn Arabi,

2) cuando se vivencia desde la imaginación inteligente o desde el intelecto imaginativo, la actividad desarrollada se llama arte, y es la que  ejercen Hölderlin o Rilke, por ejemplo,

y

3) cuando se vivencia solamente desde el intelecto, que queda diferenciado y autonomizado a final de la edad de los metales, la actividad desarrollada se llama filosofía, y es la que realizan Proclo o Kitaro Nishida en su obra de pensamiento. Los tres modos de entender esa identidad y diferencia de uno mismo y de los entes reales y su referencia al fundamento, son distintos porque se ejercen desde centros de actividad diferentes, en la medida en que el yo se pone en centros diferente, y consiguientemente tienen sentidos distintos, aunque no siempre la frontera entre ellos es nítida. 

Dios y el espíritu

En los tres tipos de expresión o de discurso, religioso, estético y ontológico, se dice que el alma, o el espíritu, es de la misma naturaleza que Dios o que los dioses, o bien se dice que Dios o los dioses son espíritus.

A partir de la edad de los metales, hay muchos seres espirituales que tienen la misma naturaleza espiritual que el alma humana[1], y hay muchos tipos de espíritu, en correspondencia con los seres divinos del paleolítico y del neolítico: son las realidades que en épocas anteriores eran representadas como fuerzas o como vivientes y que en el calcolítico se representan como los espíritus de esas entidades.

A partir del descubrimiento de la proto-ontología en la edad de los metales, de la ontología calcolítica, se puede decir que el espíritu es una realidad inextensa y que está presente de un modo inmediato para sí mismo. Pero para ver cómo está dado para sí mismo y cuántas son las formas de estarlo, hay que pasar al punto de vista de la fenomenología.

 

 NOTAS

[1]“Prayer unites the soul to God; for though the soul, restored through, grace, is always like God in nature and substance, yet because of sin on man’s part, it is often in a state which is unlike God”, Julian of Norwich Revelations of Divine Love, London: Penguin, 1998, pag.103; Ibn Arabi, Tratado de la unidad, Málaga: Sirio, 2002.

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