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State of the Union: Personalismo fílmico. Capra, crisis económica y personas (47ª)

José Alfredo Peris Cancio

José Sanmartín Esplugues

José Alfredo Peris Cancio y José Sanmartín Esplugues

La renuncia a silenciar la voz de la mujer y las posibilidades de la familia humana en State of the Union (1948).

Resumen: El cine clásico de Hollywood de los años 30 y 40 fue testigo de la crisis del 29 y sus repercusiones. Un estudio filosófico del mismo permite descubrir en la filmografía del director Frank Capra esclarecedores criterios de interpretación. Siguiendo las orientaciones de Stanley Cavell se descubre que hay una fructífera interrelación entre el matrimonio en igualdad en el que se comprometen el varón y la mujer y la educación en la dignidad personal que permite no sólo superar las crisis económicas, sino incluso, prevenirlas. En esta cuadragésima séptima entrada analizaremos: iii) el cambio hacia los argumentos pragmáticos que Grant realiza presionado por Conover y Kay; iv) la reacción final de Grant a favor de no silenciar la voz de la mujer, de su esposa Mary, y así proponer una nueva política para la familia humana.

Palabras clave: matrimonio, conversación, comunidad política, democracia, ratificación del matrimonio, pragmatismo, mujeres, trascendentalismo, familia humana, silenciamiento, voz de la mujer.

Abstract: The classic Hollywood cinema of the 30s and 40s witnessed the crisis of 29 and its repercussions. A philosophical study of the same allows discovering in the filmography of the director Frank Capra enlightening criteria of interpretation. Following the guidelines of Stanley Cavell, we discover a fruitful interrelation between marriage in equality in which men and women are committed and education in personal dignity that allows to not only overcome iii) the change towards the pragmatic arguments that Grant makes pressed by Conover and Kay; iv) Grant’s final reaction in favor of not silencing the voice of the woman, of his wife Mary, and thus proposing a new policy for the human family.

Keywords: marriage, conversation, political community, democracy, marriage ratification, pragmatism, women, transcendentalism, human family, silencing, women’s voice

1. LA CONVERSACIÓN VARÓN/MUJER, LA DENUNCIA DE LA MENTIRA Y LA EDUCACIÓN EN LA VERDAD

¿Se puede renunciar estratégicamente a lo que uno cree sólo de un modo aparente?

La opción de Grant con la que acabamos la entrada anterior consistía en abdicar de sus convicciones. O al menos en renunciar de un modo aparente, meramente táctico. ¿Cabe un tipo de acción así? ¿Se puede renunciar estratégicamente a lo que uno cree sólo de un modo aparente? ¿O es imposible

Una reflexión habitual sobre la política lo rubricaría. Parece un tópico admisible el siguiente: entre las estrategias del político avezado frente al ingenuo figura la capacidad de enmascarar el lenguaje. No sólo ni principalmente en condiciones de tener que defenderse a uno mismo en situaciones de acusación. En efecto, se suele argumentar que estas situaciones ponen en cuestión la máxima kantiana acerca de la obligación absoluta de decir la verdad[1]: “el ser veraz (sincero) en todas las declaraciones es, pues, un sagrado mandamiento de la razón, incondicionalmente exigido y no limitado por conveniencia alguna” (Kant, 1993: 64)[2].

La conversación matrimonial surge entonces como un indicio de lo contrario y, en cierto modo, puede pensarse que suministra un criterio más operativo que el del filósofo de Könisberg. En efecto Kant señalaba:

Todos los principios jurídico-prácticos han de contender estricta verdad y los aquí llamados principios intermedios no pueden encerrar sino la más precisa determinación de aplicación de aquéllos a los casos que se presenten (según las reglas de la Política), más nunca excepciones a ellos: pues tales excepciones aniquilan la universalidad, sólo de la cual toman su nombre de principios. (Kant, 1993: 67-68)

¿Es adecuada la inferencia de universalidad para los asuntos humanos como inadmisión de las excepciones?

La universalidad y las verdades morales

La apelación a la identificación entre la universalidad y los principios es plenamente adecuada a la lógica del método científico, y no caben excepciones. Pero no parece que pueda ser así en los asuntos humanos, cuando la indagación del bien ha de atender a multitud de circunstancias. Así lo explicaba Tomás de Aquino:

… se debe concluir que la ley natural en cuanto a los primeros principios universales, es la misma para todos los hombres, tanto en el contenido como en el grado de conocimiento. Mas en cuanto a ciertos preceptos particulares, que son como conclusiones derivadas de los principios universales, también es la misma bajo ambos aspectos en la mayor parte de los casos; pero pueden ocurrir algunas excepciones, ya sea en cuanto la rectitud del contenido, a causa de algún impedimento especial…; ya sea en cuanto al grado de conocimiento, debido a que algunos tienen la razón oscurecida por una pasión, por una mala costumbre o por una torcida disposición natural. (Aquino, 1993: 735)

La diferencia entre la razón teórica (propia de la ciencia) y la razón práctica (propia de la moral) es que ambas proceden de lo común a lo particular, pero de distinto modo. La razón teórica se ocupa de cosas necesarias, en las que no cabe un comportamiento libre, y por tanto enuncia verdades o principios sobre los que no hay lugar para la excepción. En cambio, la razón humana cuenta con la libertad de los agentes inteligentes en sus operaciones. Y concluye el Aquinate: “y por eso, aunque en sus principios comunes todavía se encuentra cierta necesidad, cuanto más se desciende a lo particular más excepciones ocurren” (Aquino, 1993: 735)[3].

¿Está justificado el temor de Kant acerca de que las excepciones privarían de rigor intelectual el edificio moral? El pensamiento moderno ha tendido a pensar así. Y por eso ha encomendado por lo general al derecho y a la fuerza del Estado actuar contra esa debilidad humana que busca escaparse de la norma por la vía de la excepción. Ahora podemos entender mejor que reflexiones sobre la mentira en el mundo contemporáneo la hayan querido emparentar con el derecho a la disidencia[4].

El camino trascendentalista

¿Pero cabe otro camino? Sin duda el transcendentalismo emersoniano lo propone. Recordemos los párrafos con los que arranca La confianza en uno mismo:

Leí el otro día un poema, escrito por un pintor eminente, que me pareció original y fuera de lo consabido. El alma oye siempre un pequeño aviso en versos como esos, no importa cuál sea el tema del que traten. El sentimiento que inspiran es de más valor que cualquier idea alojada en su seno. Y creer en tus propias ideas, creer que lo que es verdad para ti en tu fuero interno lo es para el resto de los hombres, eso es el genio. Saca afuera lo que late dentro de tu corazón, y estarás verbalizando el sentido del universo; porque lo más íntimo se convierte a su debido tiempo en lo más alejado de nosotros; y el primer pensamiento que tuvimos resuena como un eco de las trompetas del Juicio Final… Un hombre debería aprender a detectar y seguir la trayectoria del rayo de luz que cruza como un relámpago su mente desde muy adentro, y no prestar tanta atención a ese lustre que ofrece el firmamento de los bardos y los sabios. Sin embargo, desestima sin darse cuenta lo que piensa sólo porque es suyo. (Emerson, 2009d: 175)

Cavell (Cavell, 2003) interpreta que Emerson supo llevar la filosofía moral de Kant a América, pero le añadió una confianza en las propias personas.

“Nos veremos en la obligación de recoger avergonzados nuestra propia opinión de otro”

El rigorismo kantiano impedía suministrar un solo ejemplo empírico de comportamiento moral (Kant, 2003). Emerson lo combate tanto por medio de la educación en la confianza en la propia experiencia y en la formación del propio carácter. Pero también en el reconocimiento en los demás de esa misma sintonía profunda.

En toda obra del genio reconocemos las ideas propias que hemos rechazado: vienen hacia nosotros con un ligero aire de resplandor ajeno. Las grandes obras de arte no ofrecen lección más imperecedera que esta. Nos enseñan a acatar la espontaneidad de nuestras impresiones con bien intencionada inflexibilidad, especialmente si todas las voces son de la opinión opuesta. De lo contrario, mañana un extraño nos dirá con aplomo envidiable precisamente lo que siempre hemos pensado y sentido, y nos veremos en la obligación de recoger avergonzados nuestra propia opinión de otro. (Emerson, 2009d:175-176)

Emerson está planteando una gran obra educadora, como justifica Antonio Lastra (2007). Algo que permita alianzas crecientes que favorezcan que la ciudad se convierta en un verdadero lugar de desarrollo humano. ¿Pero cómo conseguirlo si de modo creciente la educación se asimila con una función del Estado? ¿Cómo escapará de lo que dicte el poder político si, salvo las propuestas personalistas que ponen el protagonismo en el deber/derecho de los padres a la educación de sus hijos[5], todas las ideologías políticas no renuncian al botín que promete el establecimiento de las leyes educativas y el control de su administración?

El hombre intenta caminar en la dirección de sus sueños

Analizando otra comedia de las siete de rematrimonio —The Lady Eve[6]— Cavell realiza una serie de afirmaciones sobre la introducción del matrimonio en el proyecto trascendentalista (Cavell, 1981: 45-70). En efecto, son apreciaciones que permiten situar la conversación matrimonial en ese primer estrato educativo.

Permítasenos una breve digresión y así justificar el parentesco entre The Lady Eve y State of the Union. Nos limitaremos a constatar un dato. En ambas películas la mujer se mantiene lúcida, como reservando el lugar adecuado para su novio/marido[7] o su esposo[8]. Correlativamente, el varón experimenta un desconcierto permanente sobre quiénes son ambos. En The Lady Eve por su juventud e inexperiencia, y por un contrastado déficit de pensamiento práctico. En State of the Union, a pesar de su madurez y de su inteligencia acreditada por el éxito, la ambición personal y la manipulación de otros, le conducen a un lugar parecido. En ambas la mujer acude al rescate. Y aquí se produce la gran diferencia. Mientras el protagonista de The Lady Eve termina la película sin conseguir aclararse, Grant reacciona en respuesta al esfuerzo de su esposa con total conciencia de lo que ha pasado.

El comentario de Cavell es pertinente para ambas, pero creemos que quizás se ajuste mejor a State of the Union, a pesar de no formar parte del género de la comedida de rematrimonio establecido por Cavell.

No es nada nuevo que los hombres intenten, como dice Thoreau, caminar en la dirección de sus sueños, juntar los pensamientos del día con los de la noche, los de lo público con los de lo privado, con la finalidad de buscar la felicidad. (Cavell, 1981: 65)

Esa es la divisa del argumento del perfeccionismo de Emerson o Thoreau.

La novedad de la mujer y del matrimonio

Tampoco es nuevo que, para este modo de entender la filosofía, esos sueños sean el origen de todo cambio o revolución social. La novedad será el paso del sueño del individuo a la presencia de la mujer, o mejor, de la alianza conyugal.

Ni tampoco es nuevo que esto vaya a requerir una revolución, de la constitución social o de la individual, o de ambas. Lo que es nuevo es el reconocimiento de que una mujer podría intentar esta dirección, e incluso que un hombre y una mujer podrían intentarla juntos y denominar lo conyugal a eso. (Es lo que más o menos Emerson llamó a eso; pero entonces, como cabría esperar, él no esperaba encontrarlo entre hombres y mujeres reales). Para esto necesitamos una nueva creación de la mujer, llamémoslo la creación de una nueva mujer… Es un nuevo paso en la creación de lo humano. (Cavell, 1981: 65)

Una creación de lo humano que no es un diseño desde el exterior, sino algo que surgirá de la conversación entre las mujeres y los hombres. Y que llegará a transformar a ambos. Cavell parece tener presente que, desde el relato bíblico de la aparición de Eva, la mujer ha sido la novedad que ha permitido el diálogo humano. Así, ha recreado al varón, o por mejor decir, lo ha instituido en una humanidad hasta entonces parcial y solitaria.

Que en nuestros días la mujer comparta esos sueños del varón, se introduzca de lleno en su conversación, no sólo rescata a la mujer del silencio, sino que libera al varón de la esterilidad del monólogo.

El silenciamiento de Mary

Cerramos la amplia parábola que nos hemos trazado. Grant se ha instalado en la falsedad por elección: ha optado por el triunfo. Ha elegido ser presidente por la vía común y pragmática del consejo de los políticos profesionales. Pero Capra no justifica esa actitud. Ni tampoco emite un juicio moral expreso de condena. Será la relación con Mary la que le haga ver el doble error de adoptar esta postura: traición a sus propios ideales y a la comunidad que se espera de los mismos. Una relación humana que nace de la veracidad de la comunicación e impregna de bien la comunidad política. En ese consiste la ratificación pública del matrimonio. Así se está apuntando que la verdad como principio de la vida social no es un principio universal que rechaza las excepciones, sino un constitutivo esencial de las relaciones humanas sin el cual no se puede tejer en modo alguno una vida social consistente.

Capra va a mostrar cómo se instala Grant en la mentira. No hemos presenciado su conversación con Kay. Pero asistimos a sus efectos: el olvido del idealismo, la aceptación de la renuncia —calculadora— a sus ideales.

La prueba de que no se encuentra en ningún lugar —la mentira o la falsedad suponen que nadie sepa verdaderamente dónde está o que es lo que sostiene[9]— es que ha silenciado a Mary, y a partir de ella a toda la comunidad. Ha traicionado la confianza que ella ha depositado en él, y ha renunciado a que otros puedan mantenerla, especialmente los más humildes que han podido estar unos momentos cerca de él[10].

El matrimonio ratificado mostrará que el problema primero no es si hay mentiras excusables, sino si existe un lugar que se eduque en cultivar la verdad y excluir el engaño. Y planteará si una sociedad democrática puede subsistir sin esos caladeros morales, donde el encuentro entre el hombre y la mujer es un rescate mutuo de dignidad y humanidad.

2. EL SILENCIAMIENTO DE MARY Y DE LA COMUNIDAD

El confinamiento a la insignificancia de Mary

Capra muestra que no sólo es que Grant se haya dejado manipular por Kay. Lo más equivocado es que opta por el confinamiento a la insignificancia —insistimos, de silencio— con el que vuelve a someter a Mary. Momentos antes ha recibido el abrazo de su esposa, que le ha expresado su admiración por su firmeza. Sin explicación alguna hacia ella, instantes después da un completo giro a sus planteamientos. Sin explicación alguna. Robando la voz de Mary también acalla su propia palabra, la que verdaderamente le ha venido expresando hasta el momento.

El avión es enfocado desde la cabina. Ya no se ve en el exterior la dedicación a Maizie. Jim y Grant se felicitan por los telegramas recibidos. Son de personas importantes. Ya permiten contabilizar cuántos delegados se han comprometido. Grant intenta convencer a Mary del acierto de su cambio de estrategia.

Grant: “Mira, Mary. Dos estados y siete Jefes de Condado. No sólo de personas. No quiero escuchar nada más sobre el discurso de anoche. Estos telegramas prueban que Jim está en lo cierto. Él sabe lo que hay que hacer. Es un profesional. Y no quiero volver a escuchar nada de la rutina de Henry Clay.[11] Él no consiguió ni lo correcto, ni ser presidente”.

A Mary no le conmueve la argumentación. Ella no ha cambiado su discurso. Está donde estaba. Expresa, por tanto, su preocupación por aquellos a los que Grant ha decepcionado, como a Emil, el camarero.

Pero Grant no la escucha ya. Sólo percibe en sus palabras un posible obstáculo que ha de saber vencer para conseguir su meta. No es que le hayan dejado de importar ella o las personas sencillas. Es que cree que ha de pasar por encima de ellos si quiere conseguir la nominación.

Hasta entonces, quédate fuera

Grant, sin aludir a la intervención de Kay, hace ya explícito a Mary lo que supone su cambio de estrategia. No le pide conversación, sino sometimiento. Marca que su deber es creer en él. Sus palabras quieren transmitir que no ha perdido sus convicciones, pero que ha mejorado en el modo de realizarlas. Pero suena muy hueco.

Grant: “Mary, Mary, tú deberías tener fe en mí. Quiero ser presidente. Conozco este país. Por dentro y por fuera[12]. Conozco todos sus rencores cocidos a fuego lento. Sé de los conflictos que van minando su unidad. Y pienso que sé lo que los causa. Es el miedo. Nada más que el miedo. Miedo al futuro. Miedo al mundo. Miedo al comunismo. Miedo a la quiebra”.

Mary, sin dejarse impactar por la retórica, reclamando sinceridad, coherencia con los contenidos: “¿Por qué no hiciste ese discurso anoche?”

Grant, quitándose ya parte de la careta: “Porque quiero la nominación. Si tengo que enjabonar a unos idiotas como Sam Parrish para obtenerla, lo haré. Si después de que sea elegido, si crees que me voy a hundir, vienes y me lo dices. Te escucharé. Pero hasta entonces, quédate fuera”.

Mary encaja el golpe. Pero encuentra un portillo abierto para reanudar la conversación y lo intenta.

“Hasta anoche tenías algo que decir”

Con honestidad, Mary incide en la lectura perfeccionista de su discurso pragmático.

Mary: “Hasta anoche tenías algo que decir. Tenías valor. Tenías una oportunidad. La gente estaba por ti. Pero ya no lo estará más. Tú has cambiado y ellos se darán cuenta.”

Grant: “No he cambiado”.

Pero la escena siguiente muestra que sí y hasta qué punto. El piloto le anuncia que están volando a su lado sus empleados de la fábrica, con ánimo de jugar de nuevo a probar sus habilidades en el manejo del avión. Pero Grant los despide cortante. Incluso les recrimina que hayan tenido esa idea y los amonesta para que vuelvan al trabajo. Hasta Spike se defrauda.

Sellando el cambio, Grant concede el mando de su campaña completamente a Jim. Le manifiesta su disposición a jugar con todo aquel que le quiera apoyar. Y a poner su fortuna económica en el empeño.

La pantalla ha hablado más de Grant que lo que él mismo reconoce esos momentos. Grant ya no es el de la anterior escena en el avión, que acertadamente Ramón Girona había interpretado en clave perfeccionista.

… Grant, pilotando su avión, se enfrenta, acrobáticamente, a otro avión de su compañía que pilota un empleado suyo. Esa amistosa competición área es la visualización de un personaje que, a pesar de sus canas, mantiene intacta su faceta aventurera, alocada, jovial, infantil; la mirada de Grant se parece, al menos en algunos momentos, a la que reclamaba Emerson: la del niño en la edad adulta. (Girona, 2008: 331)

Ahora Grant ha optado por dejar todo esto entre paréntesis. O quizás por algo más que eso.

3. LOS MERCADERES DE LA POLÍTICA

La política como compraventa de votos: todas las cosas son objeto de compraventa en detrimento de la buena fe y el bien común

En el siglo XIII, en un opúsculo que quedó inconcluso[13], Tomás de Aquino realizaba una advertencia que puede explicar algunos de los vicios de la política profesional.

… el frecuente trato de los ciudadanos con los mercaderes abre la puerta a muchos vicios, pues toda la preocupación del hombre de negocios suele cifrarse en la ganancia[14], la cual siembra la codicia en los corazones de los ciudadanos; de suerte que el frecuente trato con los mercaderes crea la mentalidad de que todas las cosas son objeto de compraventa, en detrimento de la buena fe y el bien común, pues por este camino llegan los ciudadanos a codiciar solamente el bienestar particular aun a costa de fraudes. Mengua también el amor a la virtud cuando ven los ciudadanos que el honor, que es el premio que pertenece a la virtud, se reparte por igual entre todos, en detrimento de las costumbres de los ciudadanos. (Aquino, 1989: 83)[15]

Sin duda, lo que Capra representa a continuación puede ser leído sin dificultad desde estas premisas. Incluso, si comparamos como son presentados los personajes influyentes —los traficantes de votos, podríamos precisar—, comprobamos que la película es mucho más sardónica que la pieza teatral.

En efecto, Capra hace tanto más censurable ese rol, en la medida en que los tres personajes representan al tejido más débil de la sociedad.

El voto de los granjeros, los trabajadores y los inmigrantes

En efecto, el primero de los personajes influyentes es el senador Lauterback (Pierre Watkin). Un primer plano de Grant, Jim y el citado Senador en la parte trasera de un automóvil plantea con toda elocuencia qué tipo de personaje es, y cuáles son sus condiciones. Un rictus de sonrisa falsa —con el que Watkin acompaña a su personaje a lo largo de toda su intervención— es un símbolo del cinismo corrupto[16].

Tanto en este caso, como en el de los otros mercaderes de votos, el esquema del proceso es presentado por Capra del mismo modo: condiciones de la transacción, pequeñas resistencias y titulares de prensa en apoyo de Grant.

El sindicalista, Bill Nollard Hardy (Charles Dingle) pone rostro a esos representantes de los trabajadores que no congeniaron con el discurso de Grant en Wichita. Su modo de proteger a sus asociados se encuentra alejado de los orígenes humanistas del movimiento sindical. El discurso de Grant sobre la subjetividad en el trabajo y la responsabilidad moral de los obreros le resultó inconveniente. Se concibe a sí mismo como la cabeza de un grupo de poder. Del mismo modo que consigue ventajas para el conjunto de los trabajadores, él mismo puede reclamarlas para sí y sus aliados.

Finalmente, la representante de los grupos inmigrantes, Grace Orval Draper (Florence Auer), desarrolla de modo explícito el planteamiento más cínico. Es como una refutación completa de los afanes internacionalistas de Grant. Cuando le preguntan si podrá enviar delegados de las secciones de extranjeros responden así sin parpadear.

Grace: “Permítame ocuparme de estas cosas y podré. Estas personas nunca votan por algo a favor. Ellas votan contra algo. Han arrastrado odios durante siglos. El truco es jugar con estos odios, una nacionalidad contra la otra… manténgalos votando en bloques”.

Cabe recordar que la llamada telefónica que interrumpió la primera conversación de Mary con Jim reflejaba una conversación sobre “el voto polaco”[17]. Ya hicimos ver en ese momento que el diálogo tan pragmático y estratégico de Kim con su colaborador pudo abrir los ojos de Mary para apoyar a Grant. Se necesitaba una política más respetuosa con las personas. El proceder de Grace podría perfectamente corroborar la toma de postura de Mary.

La utilización oportunista y efectista de la familia, y la familia como comunidad solidaria

En la escena siguiente Capra reúne de nuevo a Lauterback, Hardy y Grace Draper. Les expone todos los medios en los que se va a desplegar la campaña. Incluyen en la misma la necesidad de acallar los rumores de la relación entre Grant y Kay Thorndyke.

Resulta elocuente que personas instaladas en la corrupción política exijan que Grant “aparezca” como un “hombre familiar”. Sin importar si lo es realmente o no, de lo que se trata es de que aparezca como tal. Como ya sabemos, la solución que se les ocurre es que, en el inicio de campaña en casa de Grant, Kay Thorndyke esté invitada como “amiga de la familia.

La escena de Spike en casa de los Matthews ya la hemos reseñado[18]. Solamente queremos insistir en dos aspectos: en la familia como educadora en la solidaridad, y en la ambivalencia de Spike.

Sobre lo primero conviene recalcar que una familia comprometida con el envío de paquetes solidarios para Europa es toda una indicación. Aparte de una confirmación, una vez más, de los valores familiares vividos por Capra (Lourdeaux, 1990: 160-161), es una toma de postura sobre la educación de los hijos. Frente a los riesgos de una sociedad rica que eduque en el consumismo, Capra muestra a través de Mary Matthews la corrección de este defecto. Abrir los ojos hacia quienes están más necesitados genera una felicidad de la que está privada el que se centra en uno mismo. La familia es clave para educar en la fraternidad (D’Agostino, 1991).

Spike y el valor del éxito

El personaje de Spike, sin embargo, introduce un elemento de realismo que inclina la balanza hacia el lado contrario, el más oscuro. Una vez más es testigo de los valores de Mary. Simpatiza con lo que hacen los niños. Incluso se desprende de un cómic, colaborando simbólicamente con los gestos solidarios[19]. Pero su objetivo de convencer a Mary para que invite a Kay está por encima de cualquier otra consideración. Sirve a su jefa, por encima de todo.

Spike representa un tipo de joven completamente convencido de que el único valor fuerte es el éxito. Es capaz de empatizar con Mary o de reconocer que la América rural, en la que se encuentra el 95% de los periódicos, es la América real. Pero son concesiones a un sentimentalismo que debe anularse para conseguir una mayor eficacia.

A pesar de los ruegos de Mary, no le desvelara que el cambio del discurso de Grant en Detroit se debió a la intervención de Kay. Eso dificultaría que ella aceptase invitarla, y eso es su objetivo irrenunciable. Cuando en un primer momento Mary se niega, Spike se despide con un inquietante y ambiguo: “le diré a todo el mundo que es una mujer maravillosa”, dicho a Mary en tono de confidencia y tras besarle fraternalmente en la cabeza.

¿Por qué actúa Spike así? ¿Es una táctica o por un momento es sincero? Creemos que en él se dan ambas cosas. Puede ser sincero en sus sentimientos, pero sabe que ellos pueden actuar de palanca, y favorecer el lado más generoso y sacrificado de Mary (Lourdeaux, 1990: 160-161). Y en modo alguno se inclina por la honradez que renuncia a manipular. Cree que Jim y Thorndyke son los que están llamados a llevar las manijas de la sociedad. Y actúa en consecuencia.

4. LA MAGNIFICACIÓN MEDIÁTICA DE LA CAMPAÑA

La usurpación de Kay y la desubicación de Grant

En la siguiente escena Capra pone en la pantalla lo acertados que eran los recelos de Mary. La presencia de Kay en la casa tiene algo de dominio, de usurpación. Detrás de toda la orquestación mediática no puede dejar de verse su mano.

Capra rueda la entrada de Kay en la mansión de los Grant con un tono de solemnidad siniestra. Quizás no fuera exagerado hacer un paralelismo entre la irrupción de Kay y la llegada de un pistolero en un western. Se presiente el conflicto y el duelo. Jenny (Rhea Mitchell), la doncella, le abre la puerta, y mientras ella avanza y le da la espalda, el gesto de la doméstica refleja una mezcla de extrañeza y de disgusto.

La cámara muestra las espaldas de Spike, que saluda y acoge a su jefa. Respondiendo a su pregunta, le indica que Mary está arriba vistiendo a los niños, y que Grant está teniendo un encuentro con las personas del Club “Matthews for President” de su localidad, acompañado por los periodistas de Life.

Las explicaciones que Spike le da a continuación mientras avanza por casa de los Grant hacen de ella el remedo de propietaria. Spike le muestra orgulloso todo el tinglado que se ha montado en el salón, a modo de un verdadero plató para la ocasión. Kay escucha de su boca: “radio, doscientas estaciones de costa a costa; televisiones, dos cámaras, cobertura completa en el Litoral Oriental…”. Cuando finalizan con el elenco de participantes, da su aprobación: “maravilloso, realmente maravilloso”.

La consecuencia lógica de la presencia de Kay será dejar a Grant sin su lugar propio. Va a depender de la pura conveniencia táctica. El productor de la Red, Blink Moran (Charles Lane, un secundario muy habitual en la obra de Capra) se queja de los cambios del discurso de Grant. Se pregunta alarmado: “¿No tiene Grant algún criterio que sea suyo?” Spike intenta disimular ante su jefa la claridad con que Blink Moran se ha expresado. Le explica a Kay que es un hombre malhumorado, que tiene úlceras.

Pero Blink persevera en su postura:

Blink: “Si escuchara a políticos noche tras noche, también las tendría”.

Kay, intentando mantener las apariencias de la imagen que conviene a su candidato: “Mr. Matthews no es un político”.

Blink, firme: “Sí lo es, he leído sus discursos de pies a cabeza”.

Blink ha hecho de notario de la transformación de Grant. Es ahora Kay la que tiene el completo dominio, por más que pretenda otra apariencia.

La preparación de la representación: la política como espectáculo

Esa preponderancia de Kay intensifica el carácter de farsa de la campaña política. Más concretamente, de la representación mediática que han preparado en casa de los Grant. Acceden a la Biblioteca, y allí Kay saluda a Jim Conover y a Bill Hardy. Como contrapunto, el mayordomo de los Grant, Buck Swenson (Irving Bacon), realiza gestos burlescos de disgusto ante la presencia de Miss Thorndyke.

Ella recibe la presentación de Bill Hardy, y le anticipa los buenos augurios que tiene para su relación. Vestido de etiqueta se pasará la noche quejándose de ser el único que va de este modo ataviado[20]. Con ello queda patente la contradicción que hay entre su rol de jefe sindical y la presencia social por la que ha optado. La sinceridad de un obrero puede no casar del todo bien con los continuos ejercicios de cambio y camuflaje, propios del político profesional.

A lo largo de la escena, el ofrecimiento de copas es el tema principal de conversación. Spike pide al mayordomo Buck que prepare un martini para Kay. El diálogo confirma la atmósfera de duelo por la presencia de Kay y Mary juntas bajo el mismo techo.

Buck: “¿Sabe Mary que ella está aquí?”

Spike: “Ella la invitó”

Buck: “¿Ha estado alguna vez en un huracán?”

Spike: “No”

Buck: “Lo va a estar”.

De falsedades, intereses y máscaras.

Capra dibuja la superficialidad de los vínculos que existen entre los personajes más allá del interés. Cada uno presenta su gusto en la bebida como una señal de identificación, como parte del juego de máscaras. Sólo Mary experimentará los efectos del alcohol en las personas no habituadas: la desinhibición que le recuperará la voz.

Spike ironiza con Kay sobre las pretensiones de todos los asistentes. Cuando ella le muestra su gratitud, él rápidamente sólo pide ser Secretario del Tesoro[21].

Otro plano certifica el ambiente de falsedad que impregna el ambiente. Leith (Art Baker), el presentador, conversa con Blink Moran. Leith señala que nadie va a emocionarse con este discurso de Grant. Que está a favor de todo menos del pecado. Coinciden en señalar que sus discursos eran buenos dos meses antes. Se preguntan lo que le ha podido pasar.

La entrada de Grant, sus vacilaciones internas y la relación con Mary como su ancla

Con estas palabras Capra ha construido un pórtico adecuado para la entrada de Grant. Ha dejado de ser el hombre expansivo que dibujó al principio de la película. Se muestra como un jefe inseguro. Reclama varias veces a gritos a Spike. No encaja bien las observaciones de Blink le hace sobre su discurso.

Spike capta su mal humor, y Grant se escuda en que se encuentra cansado. Pero realmente viene molesto de no haber sabido entusiasmar a sus conciudadanos. Spike le intenta tranquilizar con el dicho recogido en los evangelios de que nadie es profeta en su tierra (Lc 4, 24). Pero no lo consigue.

También el encuentro con su familia evidencia su desasosiego. Muestra su disgusto al ver vestidos a sus hijos, reactivamente, como miembros de una banda de música y como majorette. Pero al decir su esposa que ha sido suya, se disculpa. No se había dado cuenta de que ella estaba detrás de los niños mientras bajaba la escalera. Se disculpa con ella y manda a los niños al plató, encomendándoles buenos modales.

A solas con Mary vuelve a tener un momento de lucidez acerca de dónde se encuentra su ancla.

Grant: “Mary, quiero que sepas que me doy cuenta de que esto no va a ser demasiado fácil para ti. Y eres un encanto al hacerlo por mí, y lo valoro así”.

Mary: “Tonterías, Grant, espero que todo sea como tú quieres”.

La magia del momento dura poco. Él le entrega un paquete, y sube las escaleras. Ella cree que se ha acordado que es su aniversario… cuando en realidad es una caja de habanos para ofrecer a Jim.

El encuentro entre Kay y Mary bajo la premisa de excluir la franqueza

Spike va a acompañar a Mary en su encuentro con Kay. Mrs. Grant le reconoce lo tentada que está de beber. El joven le recuerda la premisa acordada: “si hay algo que no queremos es la excesiva franqueza”. Mientras pasan por el plató, su hijo le dice a Mary que está muy hermosa. Son las palabras que su padre debería haber pronunciado hace unos momentos. Su ausencia muestra que, a pesar de su deseo, Grant sigue estando lejos de ella.

Con maestría Capra rueda la entrada de Mary en la biblioteca. De espaldas a ella, Jim está haciendo un brindis por Kay (sabe halagar a quien le paga):

Jim: “Ahora, me gustaría proponer un brindis. Por la dama encantadora que eligió elevar a Grant por encima de todos”.

Mary, que ha leído la escena, lo toma como dirigido a ella: “Gracias, Jim”.

Jim, rectificando rápido: “Hola Mary”.

Mrs. Grant sigue dominando la situación. Kay le alarga la mano para el saludo, y Mary, toma una copa de la bandeja y se la entrega. No se puede despreciar el saludo con mayor elegancia. Se intercambian cumplidos, pero sus miradas van en otra dirección. Spike propone una foto de Kay, Jim y Mary. Es la necesaria para acallar rumores. Capra la filma con plena expresividad: los sitúa a los tres de espaldas… Jim ocultando la copa con las manos atrás.

Mary se disculpa por no haberla recibido. Estaba vistiendo a sus hijos. Y sigue mostrándose “falsa y cortés” en el saludo al resto de los invitados. Domina la situación. Grace Draper actúa con superioridad. Se permite ya en el primer encuentro aconsejarle que haga apariciones con sus hijos, porque a los extranjeros les gustan los niños. Mary provoca la risa de todos al responderle: “Como a todos, ¿no?”.

 “Ustedes los políticos se sitúan como profesionales tan sólo porque los votantes han permanecido como aficionados”

Kay toma un aparente partido por Mary cuando le pide a Grace Draper que no comiencen con temas políticos ya, para no hacérselo pasar mal a Mary. En realidad, es un modo de situarla fuera de los contenidos de la reunión, en un papel de ama de casa. Mrs. Matthews también reacciona:

Mary: “No, la política es nueva para mí, pero estoy muy interesada.”

Jim, mordaz: “Ha puesto el muy en el lugar equivocado, Mary. Interesada, pero muy nueva”.

Mary: “Jim quiere decir que no tengo… Él quiere decir que no he perdido mi lugar de aficionada.”

Jim: “Está aprendiendo, espero.”

Mary: “Esa es una esperanza peligrosa. Ustedes los políticos se sitúan como profesionales tan sólo porque los votantes han permanecido como aficionados.”

Probablemente pudiera concentrarse aquí el mensaje central de la película y de la obra de teatro. No sólo ni principalmente una crítica a la corrupción política. Sobre todo, nos parece que se trata de una advertencia de los riesgos de no participar en ella de modo profundo. Es decir, no sólo de la “pereza” en el cumplimiento de los deberes, sino sobre todo de la atonía a la hora de realizar propuestas. Que es una forma de expresar la desaparición de la preocupación por el bien común en las vidas del ciudadano del siglo XX… y XXI. Lamentablemente, esa pereza ha sido, a menudo, inducida desde distintos sectores del poder —en particular, desde el poder político— en las democracias formales. En ellas quienes tan sólo son depositarios temporales de la soberanía popular —en concreto, los políticos profesionales— han secuestrado con frecuencia tal soberanía. La persona —en este caso el ciudadano— queda privada de uno de los mayores logros sociales: la capacidad de contribuir a la toma de decisiones políticas y, en particular, económicas, éticas, legales y socioculturales que le afectan como miembro de una comunidad. El poder político toma esas decisiones por ella, alegando en múltiples ocasiones la dificultad y complejidad de los procesos democráticos. La consecuencia de todo ello es que la desactivación de la ciudadanía ha llegado a ser una de las notas más características de la forma más avanzada de gobierno: el democrático. Frente a esta situación nos encontramos aquellos que —como, al parecer, el mismo Capra— pensamos que hay que desandar parte del camino, potenciando formas más participativas de democracia (Sanmartín, 2015).

Pues bien, siguiendo con el filme, se anuncia entre los invitados al Juez Alexander (Raymond Walburn) y a su esposa, Lulubelle Alexander (Maidel Turner). Serán dos personajes singulares. El Juez representa el minoritario republicanismo de los Estados del Sur. Influye en el voto, pero por los cauces normales del caudal electoral propio, sin nada deshonroso[22] a cambio. Representa un estilo más decente que el del resto de los políticos presentes. Ello se prolonga en su esposa. Desinhibida también por el alcohol —un cóctel explosivo, denominado Sazerac— intimará con facilidad con Mary. En su doble condición de mujer y de demócrata expresará una libertad totalmente disonante con el ambiente de la representación orquestada.

La presencia de Grant entre Mary y Kay

El paralelismo del duelo entre Kay y Mary tiene su momento cumbre con la entrada de Grant en la biblioteca. El candidato a la nominación va saludando a los presentes, siempre en un tono jovial. Grant ha recuperado los registros adecuados para mantenerse en el papel.

Mary observa con sufrimiento la aproximación entre Grant y Kay. Con voz íntima, Kay comparte con él su esperanza de llegar a la Casa Blanca, deseándole buena suerte. Lo dicho es poco singular. Es el cómo lo ha dicho lo que comienza a zaherir a Mary.

Los saludos van intercalados por los avisos de intervención que proceden del plató y que Spike se dedica a transmitirlos y a acompañar a los que tienen que intervenir. Eso confiere a la escena un gran ritmo. Inequívocamente los políticos actúan con dos constantes: nerviosos cuando tienen que actuar e indiferentes a lo que digan los otros.

“Señoras y señores, les invitamos a la historia”

Se anuncia que en veinte segundos comienza la emisión, y luego cinco. El discurso del presentador marca la retórica del evento.

Leith: “Señoras y señores, los invitamos a la historia. Señoras y señores, esta es una transmisión política pagada no por un grupo político u organización, sino por millares de ciudadanos comprometidos, que han generado este método de asegurar que su voz, la voz del pueblo, será escuchada…”.

Se trata de una doble mentira: la trasmisión la ha financiado Grant y la voz no es la del pueblo, sino la de los políticos que quieren manipularla. Capra lo expresa con una insuperablemente expresiva reacción de Mrs. Alexander: “Jeff, cariño, si tengo que escuchar los discursos de los políticos, por favor tráeme en seguida otro Sazerac”.

Leith, que sigue presentando el acto:

“… en las fábricas, en las escuelas. Haciendo llegar sus opiniones sobre los problemas que rodean a nuestra nación, y perfilando con franqueza sus ideas sobre cómo deben enfrentarse. Ningún político, en esto, vendiendo una lista de bondades, ningún candidato para ningún cargo, sino un ciudadano privado dando contenido a lo qué mira como su deber como ciudadano. El resultado de esto: una emocionante demostración de la democracia en acción. Por todo el país, espontáneamente, sin ser esponsorizados, miles cientos de simpatizantes los Clubs “Matthews for President” están expectantes toda la noche. Y esta noche en más de cuatrocientas ciudades norteamericanas, se preguntan hombres y mujeres en los vestíbulos, en las tiendas, en las plazas, en las propias casas: “¿Dónde está Grant Matthews?” “¿Dónde está nuestro nuevo Presidente?”… Han contribuido con sus centavos y sus dólares para pagar esta transmisión de la televisión. Este es su programa. Esta es, en verdad, la voz…”

El final del discurso se ve entrecortado e interrumpido por la aparición con retraso de Sam Parrish. Volveremos sobre ella, pero antes queremos subrayar algunas “autocitas” que Capra ha realizado en este discurso.

Lugares intertextuales del cine de Capra en el discurso de presentación

En efecto, “la democracia en acción” es una copia de las palabras que el H.V. Kaltenborn, actuando como sí mismo, pronunció en Mr. Smiths Goes to Washington[23]. La formación de los clubs de apoyo a Grant recuerda la génesis de los Clubs John Doe en Meet John Doe[24].

Cavell ha insistido con penetración en que uno de los recursos que han permitido reconocer el cine como arte ha sido su temprana tendencia a la autorreferencia (Cavell, 2017: 166-167). Es decir, que las películas vayan refiriéndose a otras realizadas anteriormente y así se facilite la reflexión sobre el cine como medio artístico. De este modo su realismo no lo hace completamente indiferente a la exigencia vanguardista de que las artes reflejan la conciencia sobre las posibilidades del medio que las hace posibles.

Con estas consideraciones resulta coherente preguntarse por qué Capra busca ser aquí explícitamente reflexivo. ¿Tiene que ver con el aire de despedida de este tipo de cine que el director comenzaba a prever? Y si fuera así, ¿qué está queriendo indicarnos con estas alusiones? Arriesgándonos a intentar responder —siempre considerando que estas preguntas tienen algo de inagotable— creemos poder emplear unas expresiones sintéticas.

  1. Smith y Long John Willoughby eran jóvenes renovadores de una misma política (vieja). Grant es un maduro personaje que adquirirá conciencia de que no basta con la renovación. Hace falta una verdadera creación. Ahora el escenario no son Estados Unidos. Es el mundo, la comunidad internacional.
  2. Smith y Long John Willoughby comenzaban sus primeros pasos en la relación con Clarissa Sanders y Ann Mitchell, respectivamente. Estaban en tensión hacia el futuro. Pero Grant es un hombre casado, que ha jugado con la infidelidad conyugal. Sabe que el problema de la coherencia política no está primero en los otros y luego en él… Y finalmente tendrá fuerzas para vivir según esta verdad.

Eso nos conduce necesariamente a ver distintos niveles en el discurso del presentador: lo que dice, lo que lo políticos quieren decir a través de este, lo que pueden percibir sus oyentes —escepticismo ante una retórica conocida, o entusiasmo por la novedad— … y lo que Capra está planteando. No son excesivas. Con puridad a las mismas habría que añadir cuantas interpretaciones hacen los lectores de la escena… incluida la que estamos haciendo nosotros en estos momentos. Esa superposición de capas de lectura, lejos de debilitar el cine, es la que permite que sea un arte popular o de masas.

La irrupción de Sam Parrish

Regresamos a la aparición de Sam Parrish. Ya desde presencia en el hotel de Detroit se percibe en él una desinhibición que coincide plenamente con la ausencia de delicadeza hacia los demás. Ahora continúa en esa línea con más intensidad. Llega tarde, habla a voces en el plató, responde sardónico a las quejas de Bill Hardy (“¿No es eso lo que quieres, Bill? Poner de etiqueta a los trabajadores y dejarnos a los demás sin nada”), apaga la televisión nada más entrar (“¿Tenemos que escuchar a Ed Lauterback?), o ironiza sarcásticamente con el juez cuando lo ve sirviendo copas, insinuando que es un borrachín (“Hola, Juez, ¿ahora bebe usted con ambas manos?”). En un ambiente de tanta hipocresía, su modo de ser no deja de suscitar alguna simpatía

Pero su mayor indiscreción —si bien en este caso, rompiendo la cortina de humo que había tejido Jim, Kay, Spike y Grant alrededor de Mary— la comete desvelando la presencia de Miss Thorndyke en Detroit.[25] Mary asiste a esta conversación que, por fin, le clarifica por qué Grant ha cambiado su discurso. Jim también la escucha con preocupación, intentando detener en vano a Sam

Sam: “Hola, Miss Thorndyke. ¿Dónde estaba aquella noche en Detroit? La busqué por todo el vestíbulo del banquete”.

Kay, manteniendo la compostura: “No fui al banquete”.

Sam, sin ningún tacto: “Pensé que para eso estaba en Detroit, para escuchar el discurso de Grant”.

Mary, interviniendo ya: “¿Estaba usted en Detroit cuando estábamos allí, Kay?”

Sam, completando la faena, como “testigo de cargo”: “Usted la debe haber visto Mary. Ella estaba camino a su suite, nada mas la abandoné. ¿Recuerda?”

Mary: “No, no vi a Kay en Detroit”.

La amargura y la desinhibición de Kay

Los gestos de Jim para silenciar a Sam fracasan. Así que acude en ayuda de Kay para separarla de Mary que ya tiene la prueba de lo que quizás no podía sospechar.

Mary: “¿Así que cambió a Grant en Detroit?”

El golpe de amargura le lleva a beber, acompañando a Lulubelle Alexander en la elección de copa. Jim intenta impedirlo porque se teme lo peor. Entre las mujeres se crea una alianza de desinhibición y distancia con respecto a lo que les rodea.

Mary se sale del rol y por los efectos del alcohol no tiene inconveniente en ironizar con Grace Draper. Le hace ver la inconsistencia de sus propuestas para el verdadero bien de sus representados y de su integración como americanos.

Grant como un nuevo Abraham Lincoln es de la tierra y de las personas

Mientras en el plató, Ed Lauterback acerca la figura de Grant a la de Lincoln, como defensor de la agricultura. Recordamos que Grant escucha esas palabras mientras uno de los cámaras (Thornton Edwards)[26] lo penetra con una mirad inquisitiva.

Lauterback (fuera de plano): “Para Grant Matthews, que conoce el olor limpio. Rico de tierra fresca. Sus manos han labrado la tierra. Y ayudó a llevar el fruto rico. Grant Matthews, como otro gran republicano, Abraham Lincoln, es de la tierra y de las personas. Él no se ha olvidado de ninguna. Él sabe que una agricultura próspera, protegida y productiva…”

Tras la frialdad de sus paisanos, y el encuentro con Mary, este puede ser un tercer aviso a su conciencia. Lincoln fue uno de los nombres que pronunció ante la Casa Blanca. Y cuya altura reconoció ante Mary. La mirada del cámara parece estar apoyado todos esos pensamientos.

Tras Lauterback interviene Grace Draper. Spike, que percibe su estado etílico, le pide que esté lista porque va a perder e Grant en el aire.

“Prefiero ser alcohólica antes que presidente”

Pero Mary está ya incontrolada.

Mary: “Soy diferente de Grant. Prefiero ser alcohólica antes que presidente”.

Mrs. Alexander estalla en carcajadas. Y cuando Lauterback les pide su parecer sobre su intervención, tras un elogio, no deja de arrancar la risa de los demás al afirmar: “la juventud todo lo puede”. Lauterback es un veterano que lleva mucho tiempo viviendo de la política, por lo que la mordacidad no puede ser más certera.

Pero pronto de la risa se pasa al llanto. Como en un relámpago de lucidez percibe lo que está sucediendo. Se le viene encima el mundo. Asiste a cómo los políticos intentan extorsionar a Grant y mejorar sus posiciones. Kay reacciona con firmeza y los detiene. Les hace ver que, para sus intereses, ella es la candidata y que si siguen por ese camino que se atengan a las consecuencias.

Mary no puede de dejar de sentir un principio de admiración por su actuación:

Mary: “Voy a decirle una cosa, Kay. Tiene el valor para defender sus convicciones”.

Kay intenta una aproximación de superioridad con ella. Le reconoce que ha tenido una velada maravillosa. Pero le invita a que deje sus payasadas, tome café y esté en condiciones para presentar a su marido al país.

La retirada de Mary y su discurso

Mientras es el turno de intervención del Juez, Mary anuncia que se retira. Que ni sus hijos ni ella van a intervenir. Se lo anuncia a Grant y a Kay, y se explica.

Mary: “No voy a continuar. No puedo. Se espera que diga a millones de personas que conozco a mi esposo, que es honrado, inflexible, intrépido. Podría haberlo dicho alguna vez y sentirlo, pero no ahora. No después que él se encontró con usted Jim Conover, y con usted, usted y usted -señala a Lauterback, Hardy, Draper- y con usted, Kay Thorndyke -y se centra en ella-. Usted y su loca ambición. Alimentando sus tratos engañosos y de doble sentido. ¿Usted iba a hacer de él un gran hombre, ¿no? No podía ver que él era ya un gran hombre. Usted lo mató. No será a Grant Matthews al que esa gente escuche esta noche. Será una sombra, un fantasma, un hombre de paja diciendo palabras que no son suyas., pensamientos que no son propios. Usted ha matado a Grant Matthews y él es partidario de su propio asesinato. Bien, yo no lo seré. Usted quería una causa, y ya la tiene. Una causa de mentira, miedo y corrupción.

Mary sale corriendo al jardín. El mayordomo exclama: “¡Aleluya!”. Los políticos reaccionan ofendidos. La consideran una loca porque Mary los haya insultado y llamado puñado de ladrones. Pero Grant, que ha sido tocado en su conciencia, sale en su defensa.

Grant: “¿Qué esperaban que dijera? Es la verdad… No necesitamos engañarnos a nosotros mismos, ¿no? Ella tiene el derecho a decir lo que ella piensa. Así es como quiere que sea. Yo voy tras la nominación. Es para lo que estamos trabajando.”

Grant es fiel a la fase íntima de su matrimonio. Necesita que Mary sea como ella es. De eso se trata en el matrimonio: un encuentro real, una conversación, una unión entre personas que viven su diferencia como don mutuo. Pero todavía cede en su vertiente pública.

Los arreglos para suplir a Mary la intervención de Spike

Para llenar el hueco de Mary, Grant, Jim y Kay acuerdan fingir que Mary no comparece porque un hijo se ha puesto enfermo. Y ella ha puesto los deberes de madre por encima de todo. Una amiga íntima, Kay, leerá el discurso en su nombre. Las dimensiones de la manipulación alcanzan cotas insospechadas.

Mientras Spike, con su consabida ambigüedad, intenta convencer a Mary de que aparezca. Como siempre, emplea el argumento de que aparentemente es lo más conveniente para ella. Trata de convencerla de que, en la Casa Blanca, Grant será completamente suyo, y podrá alejar a Kay de él. Pero esta vez Mary no parece seguirle. Y Spike no duda en lanzar un chantaje final.

Spike, regresando del jardín a la biblioteca; “Tenía la idea de que aún estaba enamorada de él. Spike Manus ha fracasado y debe retirarse.”

5. LA REACCIÓN FINAL DE GRANT: LA DIGNIDAD DE LA MUJER Y LA NUEVA POLÍTICA

La presencia inesperada de Mary en el plató y la interrupción de Grant: “Pensaba que ibas a seguir siendo honrada”

El presentador anuncia que, contrariamente a lo que indicaba la escena con Spike, Mary sí comparecerá ante las cámaras y la radio.

Mary: “Soy Mary Matthews. Naturalmente estoy predispuesta a favor de mi marido. Aunque conozco sus fallos. Le gusta leer el periódico sólo para él durante el desayuno, y un dolor de muelas se transforma en una crisis mundial. Creo que en eso es como todos los maridos.”

Kay, a Grant, muy satisfecha: “Ella es maravillosa”. Pero el gesto de él ya no parece suscribir el comentario.

Mary: “Pero, al fin y al cabo, él es un hombre real. Grant Matthews. Un buen padre y un buen esposo, pero yo veo en él más que eso. Veo un hombre que es honesto, insobornable, intrépido, un hombre de gran visión y de un enorme valor moral.”

Grant, interrumpiéndola y acudiendo al micrófono: “¿Mary?”.

Mary, siguiendo: “Pero, sobre todo, mi Grant.”

Grant, interrumpiéndola definitivamente: “Mary, para con eso. ¡Páralo! ¡Páralo! ¡Páralo! ¿Qué te pasa? ¿Qué te ha cambiado? Pensaba que ibas a seguir siendo honrada”.

Ver el cambio de Mary hace que Grant reaccione. Sabe que ha de abandonar su simulación y recuperar su propio yo. Ha dejado de ser un político honrado y, por eso mismo, Mary ya no puede ser la garante de su honradez. No se puede garantizar lo que no existe. Grant es consciente de que debe retomar un lugar que nunca debió abandonar.

Las explicaciones de Grant y la indignación de los políticos

Grant se ha visto en el espejo de su esposa y no le ha gustado la imagen proyectada.

Grant: “Damas y caballeros, soy Grant Matthews. Siento interrumpir, pero no puedo soportar esto más.” Ve que intentan cortar la transmisión, y rompe con la primera mentira. “No me corten[27]. Pago por esta retransmisión”

Blink Morgan se inclina por darle esta oportunidad y le dejan seguir.

Grant: “Damas y caballeros, de ese discurso que acaban de escuchar, Mrs. Matthews no se cree una palabra. Cuando ella les dijo que yo era un buen marido, un hombre de valor moral y el resto de esa sarta de mentiras, las palabras se le atragantaban en la garganta. Hace unos minutos, ella me dijo lo que realmente pensaba de mí. Me llamó cobarde y dijo que había vendido mis ideales a una banda de políticos corruptos. Y ella estaba en lo cierto. Entonces ella era cuando ella estaba diciéndome la verdad”.

Indignados los políticos y sus cómplices exigen que le corten.

Grant, sintetizando su ánimo y acusándose a sí mismo: “Tengo tanto derecho a presentarme a presidente como a rata de canal”.

Las voces que piden que se le corte arrecian. Otros ya piden que se le permita hablar.

Grant: “Esos chillidos que oyen son de los políticos. Esos patriotas intrépidos que ustedes escucharon apoyándome en la transmisión de esta noche. Ahora están heridos. Están gritando. Estás intentando callarme. Y no los culpo”.

La valentía de Capra al rodar estas escenas es extraordinaria. Capra está denunciando con imágenes la corrupción que corroe el sistema político de Estados Unidos: una democracia en la que políticos sin escrúpulos utilizan los recursos del Estado en beneficio propio, manipulando de forma rotunda al pueblo de manera que, como mínimo, se garanticen un puesto en el futuro. Capra no está, por lo demás, denunciando la corrupción de los republicanos. Recuérdese que él mismo era republicano. Está poniendo —reiteramos—de manifiesto la erosión del sistema, lo que es mucho más grave.

El desafío de Hardy y la interpelación moral del cámara

Hardy se encara con Grant y le amenaza con que no va a poder llamarle corrupto y escaparse. Pero Grant ha recuperado su carácter

Grant: “Su falsa y sucia compañía de trabajadores”.

Hardy: “¡Deme el micrófono!”

Grant: “Aquí lo tiene. Adelante. Tómelo. Cuénteles cómo usted se jactó de que podría reunir esos setecientos mil votos de sus hombres si yo le hacía el jefe de los trabajadores. Adelante, sus hombres estarán interesados en escuchar eso. Dígales que fue suficientemente necio para creer que usted podría conseguir algunos votos.”

Hardy, ya en tono mafioso: “Espere hasta que termine con sus fábricas”.

Grant, valiente: “Usted no podrá hacer nada a mis fábricas”. A los periodistas: “Póngalo en la página principal, muchachos.” A Lauterback, Draper y Parrish: “¿Hay alguno del resto de los personajes que le gustaría usar el micrófono para decir en él alguna verdad?”

Todos salen corriendo, abandonando el plató y la casa de Grant.

En ese momento el ya mencionado trabajador le interpela: “¿Se cree usted mejor que ellos?”.

La confesión de Grant: “soy peor que ellos”.

Grant reaccionará de forma humilde. Ha recuperado la fortaleza interior que aquella noche en Washington le permitió reconocer a Mary que se sentía muy inferior a los padres de la patria.

Grant, al micrófono: “Un hombre se me acercó y me preguntó si me creía mejor que el resto de ellos. No, no lo soy. De hecho, soy peor que ellos. Ellos se agarran a lo que pueden. Son personas de una sola dirección. Pero no yo. Iba a jugar en ambos bandos. Yo me vendí a ellos, pero quiero aclarar esto, no soy un cordero llevado al matadero. Yo corrí hacia él.”.

La humildad no lleva a Grant a presentarse como una víctima de los demás. Asume plenamente su responsabilidad. Y la pide a todos los que le escuchan.

Grant: “Tenía la idea correcta cuando comencé a hablarles a ustedes, pueblo de América. La idea de que ustedes los votantes, los granjeros, los hombres de negocio, los hombres activos, los ciudadanos ordinarios o de cualquier partido no son la escoria egoísta que esos políticos venales pretenden que sean. Pensaba que podía sostener mi discurso por delante y por detrás. Pensaba que podría decirles que nuestro país es joven. No es viejo. Que hemos empezado a crecer. Que lo que necesitamos es valor. Y desde ese valor vendrá la grandeza más grande que jamás soñamos”.

“El secreto de nuestra gran abundancia es la libertad”

(Capra afirmaba que “El sueño americano no es el dinero sino la felicidad y la libertad”). 

Capra afirmaba que “El sueño americano no es el dinero sino la felicidad y la libertad

Capra afirmaba que “El sueño americano no es el dinero sino la felicidad y la libertad (Infografúa)

Grant regresa a las claves del discurso que expuso a Jim y éste le censuró como inapropiadas para ganar las elecciones.

 Grant: “Quería decirles que nosotros los americanos somos la esperanza del mundo. Y el secreto de nuestra gran abundancia es la libertad. Y tenemos que compartir ese secreto y esa abundancia con las otras naciones del mundo. Y quería decirles que nosotros tenemos que enfrentar un gran problema. Porque cuando la gente tiene frío, hambre y miedo, se juntan en manadas asustadas, listas para ser conducidas por comunistas y por fascistas que les prometen pan y libertad, y no les reparten nada.”

A continuación, el experimentado empresario comparte con quienes le escuchan por qué se apeó de sus convicciones.

Grant: “Esas eran las cosas que les quería decir. Pero perdí la fe en ustedes. Perdí la fe en mi mismo. Temía no llegar a ser nunca presidente. Olvidé que la única cosa que uno tiene que hacer es hablar lo que le corresponde sin importarle nada más. Así con la ayuda de esta banda de parásitos -los gestos de estupor de Jim y Kay aparecen en un primer plano-, me convencí a mí mismo de que el modo de ser elegido era jugar bajo al común denominador más deprimido en lugar de hacerlo al más alto. A alimentar el odio de toda clase y raza. A apelar a lo peor de ustedes, no lo mejor de ustedes”.

De la manipulación de todos al rescate de sus convicciones trascendentalistas: “Olvidé cuán rápido los americanos huelen a los tramposos, ladrones y estafadores

Grant detalla a dónde le llevó esa deriva, pero también cómo salió de la misma:

Grant: “Utilicé a mi esposa, mis hijos, mis amigos. Toda mi campaña era un fraude. Toda mi campaña era un fraude. Esta no es una simple transmisión casera pagada por sus dólares y sus centavos. Esta fue profesional y detalladamente organizada. He gastado doscientos mil dólares en explotación y publicidad en las campañas “Matthews for President”. Pensé que podía hacerme con la nominación republicana. Olvidé cuán rápido los americanos huelen a los tramposos, ladrones y estafadores”

La fuerza con la que Spencer Tracy está pronunciando este discurso impregna la pantalla. Su personaje transmite una singular autenticidad por la facilidad con que reconoce sus errores. El espectador está pronto a dejarse llevar por ese torrente de bonhomía.

Grant: “Mi mujer se dio cuenta y yo lo supe esta noche, cuando asistí a una reunión aquí cerca, en Greenwood. Estaban todos mis amigos allí. Las personas que me habían conocido desde hace muchos años y que me apreciaban. Pero ya les gusté. Estaban frente a mí. Sabían que era un engaño.”

Capra muestra que lo decisivo para reaccionar ha sido el rostro de las personas que ama: su mujer, sus hijos, sus amigos.

“Esa es la historia… y no estoy orgulloso de ella”

Su autoinspección es completa y va sacando las conclusiones.

Grant: “Bueno, creo que esa es la historia, damas y caballeros. Y ciertamente no estoy orgulloso de la misma. Soy el tipo que clamaba por el valor del guerrero para enfrentar las batallas privadas de cada vida. Soy el tipo al que se referían los dijeron: “Médico, cúrate a ti mismo”[28]…”

Un plano de Mary la muestra llorando, con esa veracidad que el rostro de Katharine Hepburn sabía transmitir con especial acierto. Anticipa lo que se va a escuchar a continuación,

Grant: “Y así, aquí y ahora, renuncio como candidato para cualquier cargo, no porque sea honrado, sino porque soy deshonrado. Y quiero pedir perdón a todas las buenas personas sinceras que depositaron su fe en mí, a las que he decepcionado”,

Vuelve su mirada hacia su esposa.

Grant: “Y quiero pedir perdón a mi esposa”.

Mary, se acerca a él llorando: “Grant”.

Todos aplauden. Por fin se ha producido la ratificación pública del matrimonio. A partir de ahí todo ya podrá ser nuevo de verdad.

La reacción de Kay y Jim

Con sutileza, en esta ocasión, Capra sí nos muestra la reacción moral de los magnates derrotados. En sus películas anteriores no se había atrevido. Por primera vez en Kay hay más dignidad que cálculo. Quizás sea eso lo que la diferencia de sus predecesores en el rol de magnates perversos. ¿Dignidad propia de la mujer también en este caso?

Kay, a Jim: “Todo ha terminado”.

Jim, velando por sus intereses: “Sobre ese trabajo, Kay… gane o pierda”.

Kay: “Yo pierdo, Jim”.

Jim, impertérrito: “Vi a un hombre en la portada de Newsweek, y pensé que usted y yo…”

“¿Esto significa que usted deja la política?”

Capra no conduce a su protagonista hacia un final sino hacia un comienzo. Al menos en intención.

Periodistas: “Mr. Matthews, han llamado desde las oficinas del Partido Republicano. Quieren saber si esto significa que usted deja la política”.

Grant, triunfante y explícito, rodeado de su mujer y de sus hijos, a modo del final de It´s a Wonderful Life:

“No, precisamente estoy entrando en política. Voy a ir a la Convención Republicana y voy a ir a la Convención Demócrata. Voy a abrir las puertas, romper las ventanas, para que entre aire fresco. Voy a perseguir a cada candidato que se venda, y voy a ir detrás de cada votante perezoso que no vota”.

Mary, arrebatándole el micro: “Por Dios, dame ese micrófono”.

Grant, reaccionando como ella echaba de menos que lo hiciera durante la campaña, le da una palmadita y le recrimina muy alegre: “¡Maizie!”.

Pero la vieja política sigue…

La música suena, y el cambio de actitud de Grant es recibido como una victoria. Hasta Blink Moran se deja llevar por el entusiasmo. Spike McManus sigue la ola, y hace gestos de dirigir la música. Pasan ante él Kay y Jim:

Spike a Kay; “¿Despedido?”.

Kay: “¿Despedido?”

Spike a Jim, que camina tras Kay: “¿Contratado?”

Jim, con sonrisa triunfal: “Contratado”

Mientras los demás proclaman “Matthews es nuestro hombre”.

La vieja política continua. El conflicto emocional deja a Kay bloqueada. Pero Jim sigue reconociendo lo que él compartió con Kay al principio: la necesidad de una nueva imagen… para beneficiarse de las nuevas sensibilidades.

La vieja política repite la frase de Tomasi de Lampedusa en su novela clásica “El Gatopardo”: «Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi» [“Si queremos que todo siga igual como está, es necesario que todo cambie”]. Ese es el nuevo enemigo al que Capra emplaza a superar. Pero probablemente, un cinismo tan espeso fuera un veneno moral superior a sus fuerzas. Lo plantearemos en el estudio de sus películas venideras.

6. REFLEXIONES CONCLUSIVAS

Cuando se leen las páginas que Capra dedica en su autobiografía a State of the Union (Capra, 1997: 388-399) se percibe una clara nostalgia. Percibe que es la última de sus grandes obras. La atención que el propio presidente Truman le concedió asistiendo al estreno y riéndose a carcajadas con sus chistes… tenía mucho del canto del cisne. Capra acertaba al leer que las pretensiones morales de su cine iban a encajar cada vez menos con una sociedad multimediática, tal y como él había dibujado en su prodigiosa escena final.

Su sensibilidad de artista —de los grandes— le permitía anticipar la batalla cultural que se avecinaba. Estados Unidos estaban llamados a profundizar su apuesta por la libertad humana. Pero la misma riqueza acumulada iba a desarrollar de manera dual una sociedad del bienestar. Y quienes se iban a beneficiar del superdesarrollo cada vez estarían más remisos a compartir tanto sus riquezas como su libertad[29].

En dicho escenario, el personalismo fílmico debería seguir siendo fermento en la masa. Mostrar que los valores morales que se viven en las células aparentemente más indefensas —el matrimonio, la familia, el trabajo, la misericordia, la solidaridad…— son los que están más cerca del corazón. Y desde allí el mundo recobra su calor y su fuerza. En cualquier momento o lugar. Allí donde las personas escuchan en sí mismas una voz más alta… que les precede y acompaña. Allí donde hombres y mujeres intercambian sus palabras con apertura y humildad, propiciando su mutuo crecimiento como personas. Allí donde residen las mejores posibilidades de cambio de la familia humana.

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NOTAS

[1] Una reflexión muy significativa al respecto se encuentra en el artículo de Martínez de Escalera (2005). Allí señala que un lector incauto “llegaría luego a la imprudente conclusión de que mentir es lo opuesto (moral y epistemológicamente) a la verdad. Lejos de ello, es necesario enfatizar que la condición retórica de las lenguas atraviesa todo acto de lengua sin distinción, ya se trate de un uso constatativo o un uso realizativo. En ambos usos es el carácter regulador de la relación estratégica entre verdad y mentira lo que puede entenderse como elemento central de la «política de la verdad»” Martínez de Escalera, 2005: 231). Sin embargo, más bien estamos inclinados a pensar lo contrario —sin llegar al rigorismo de Kant, o mejor, quizás intrepretándolo adecuadamente—. Es un indicio de fracaso de la humanidad el transgir y encontrar presuntos beneficios a la mentira. O dicho de otro modo, las distintas expresiones de la cultura humana no resultan inevaluables. Como acertó a justificar Guardini (1981) puede haber y de hecho se han dado a lo largo de la historia —y se pueden dar ahora— modos de vida que contrarían la genuina humanidad —la auténtica ecología humana—.

[2] Lamentablemente, frente a las tesis de Kant, las que han acabado imponiéndose han sido las sustentadas por Maquiavelo en El Príncipe (1532). Hablando, por ejemplo (Capítulo XVIII), de la necesidad, o no, de que el político —el príncipe— mantenga su palabra dada, Maquiavelo llega a aseverar que, si su prudencia le advirtiese al político que tal mantenimiento puede ir en contra suya, no le faltarían razones legítimas para cohonestar la inobservancia de sus promesas. En ese sentido, el político debe parecerse más a la zorra que al león, asevera Maquiavelo.

[3] Nos hemos ocupado de ello por extenso (Peris-Cancio J.-A., 2009: 83)

[4] Cfr. el artículo ya citado de Martínez de Escalera. Otro camino de acceso a este posicionamiento de justificación de la mentira —y oposición a Kant— se encuentra en la obra de Nietzsche. Cfr. su opúsculo póstumo, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (Nietzsche & Vaihinger, 1990)

[5] Cfr. la autoridad que, por ejemplo, Emmanuel Mounier reconocía a la familia en materia de educación, como derecho solamente subordinado al bien del niño (Mounier, 1976: 93-101, especialmente, 98). O, como señalaba Jacques Maritain, la subordinación de la función educativa del Estado como ayuda y complemento a la misión educativa de la familia, “no para borrar en el niño su vocación de persona humana y reemplazarla por la de herramienta viva y convertirla en materia del Estado” (Maritain, 2001: 68)

[6] “Las tres noches de Eva”, 1941.

[7] En The Lady Eve.

[8] En State of The Union.

[9] Recordemos que las  resistencias de Grant al tacticismo de Jim procedían de ese gesto: que los electores supieran donde estaba, qué era lo que sostenía.

[10] Como el camarero Emil y el personal de la cocina, o el barbero y su mujer.

[11] Henry Clay (1777-1852) fue un político americano que llegó a ser Secretario de Estado, pero que nunca triunfó como candidato a presidente de Estados Unidos. Grant lo toma como un emblema del político bien valorado pero fracasado. Olvida que una derrota electoral no es decisiva si en el curso de la campaña se ha sabido transmitir un mensaje moral coherente. Fue el caso de Lincoln, que fue elegido candidato a la presidencia y ganó, tras haber sido derrotado por Douglas en su elección al Senado. Cfr. (Alcoriza & Lastra, 2005).Se puede observar que se trata de una mención de la historia de los Estados Unidos que contrasta con las que Grant realizó a raíz de su vista a la Casa Blanca.

[12] Se trata de una expresión que busca mantener el estilo emersoniano, trascendentalista. Fiarse del conocimiento intuitivo que tiene de sus convecinos. Toda su descripción posterior de cómo es el pueblo americano se apoya aquí. Pero se apreciará igualmente que se trata de un conocimiento que ahora le interesa de un modo utilitario, es decir, no para sentir de modo unido a todos ellos, sino para conseguir su voto. Por eso acentúa sus aspectos negativos —miedos, rencores, rencillas…— para presentarse él como solución.

[13] De regno (1265-1267). Tomaremos la cita de la edición crítica castellana, con estudio preliminar, traducción y notas de Laureano Robles y Ángel Chueca, La monarquía (Aquino T., 1989)

[14] Un criterio presente ya en Aristóteles, tanto en su Política, como en su Ética a Nicómaco, obras ambas que fueron con posterioridad objeto de amplios comentarios por parte del Aquinate durante su segunda estancia en París (1269-1272).

[15] Podemos intentar protegernos de la claridad del texto de Tomás de Aquino, achacarle cierto candor o incluso argumentar que en las sociedades modernas y/o postmodernas aludir al honor carece de sentido. Pero tendremos dificultades entonces en explicar cómo y por qué proliferan en nuestros días, premios y distinciones que en modo alguno se podrían entender sin conjugar las virtudes propias de una profesión con las virtudes básicas de la persona (Peláez, 1991).

[16] Resulta inevitable preguntarse cómo alguien así podía representar los verdaderos problemas del sector agrícola. Capra los había expuesto con todo su dramatismo en Mr Deeds Goes to Town. Lo hemos analizado en las entradas 21, La discusión sobre la nueva orientación de la filmografía de Capra a partir de Mr. Deeds Goes to Town (1936), https://proyectoscio.ucv.es/actualidad/frank-capra-crisis-economica-y-personas-vigesimoprimera/, y 22. Mr. Deeds Goes to Town (1936): una comedia sobre el matrimonio, la amistad y la caridad en la verdad, https://proyectoscio.ucv.es/actualidad/frank-capra-crisis-economica-personas-vigesimosegunda/. También publicadas respectivamente como Cuaderno 39 (Sanmartín Esplugues & Peris-Cancio, 2019: 9-32), y Cuaderno 40 (Sanmartín Esplugues & Peris-Cancio, 2019: 33-64). E igualmente es inexcusable no tener presente la visión de los trabajadores agrícolas, inmortalizada por John Ford a partir del texto de Steinbeck en The Grapes of Wrath, 1940. Cfr., Sanmartín Cava, Luis Manuel, AUTOPISTA 66 HACIA LA CONCIENCIA DE “SER-JUNTO-A-LOS-DEMÁS”, https://www.proyectoscio.ucv.es/filosofia-y-cine/uvas-de-la-ira/

[17] Cfr. la entrada 45, Las conversaciones del matrimonio y las conversaciones de la comunidad política en State of the Union (1948), https://proyectoscio.ucv.es/filosofia-y-cine/state-of-the-union-personalismo-filmico-capra-crisis-economica-y-personas-45a/

[18] Cfr. la entrada 44, Una verdadera razón humanitaria como reto de la nueva política en State of the Union (1948).

[19] Recordando de nuevo a Maquiavelo, un buen político (príncipe) no es el que es misericordioso, fiel, humano, franco y religioso, sino el que parece tener esas cualidades. Tenerlas de verdad, dirá Maquiavelo (El Principe, Capítulo XV) es peligroso para el político. Lo torna vulnerable y débil.

[20] Las distintas respuestas que su lamento recibe nunca consiguen mejorar su sensación. Sentirse ridículo es un estado del alma que nunca se soluciona con palabras ajenas.

[21] Equivalente a Ministro de Hacienda.

[22] De hecho, no figurará entre los rostros de los políticos corruptos a los que Grant denuncia en la escena final.

[23] La hemos analizado en las entradas, 27, 28, 29 y 30, de la sección sobre Personalismo fílmico en el cine de la web de trasferencia del conocimiento en Filosofía, https://proyectoscio.ucv.es/. Cfr. también Cuadernos de Filosofía y Cine números 45, 46, 47 y 48 (Sanmartín Esplugues & Peris-Cancio, 2019a)

[24] La hemos analizado en las entradas, 31, 32, 33 y 34, de la sección sobre Personalismo fílmico en el cine de la web de trasferencia del conocimiento en Filosofía, https://proyectoscio.ucv.es/. Cfr. también Cuadernos de Filosofía y Cine números 49, 50,51, y 52 (Sanmartín Esplugues & Peris-Cancio, 2019b)

[25] La hemos comentado ya en la entrada 44, Una verdadera razón humanitaria como reto de la nueva política en State of the Union (1948), https://proyectoscio.ucv.es/filosofia-y-cine/personalismo-filmico-capra-2/

[26] También lo hemos tratado en la entrada 44, Una verdadera razón humanitaria como reto de la nueva política en State of the Union (1948), https://proyectoscio.ucv.es/filosofia-y-cine/personalismo-filmico-capra-2/

[27] Otra cita intertextual. Recordemos que John Doe no lo pudo evitar, y se quedó sin poderse explicar. Lo hemos analizado en las entradas, 31, 32, 33 y 34, de la sección sobre Personalismo fílmico en el cine de la web de trasferencia del conocimiento en Filosofía, https://proyectoscio.ucv.es/. Cfr. también Cuadernos de Filosofía y Cine números 49, 50,51, y 52 (Sanmartín Esplugues & Peris-Cancio, 2019b)

[28] Como en Mr. Smith Goes to Town o en Meet John Doe Capra hace un paralelismo entre el destino de sus líderes morales y el de Cristo. En Lc 4, 23 esta frase Jesucristo la escucha de sus paisanos, escépticos ante su persona y su predicación, por haberle conocido desde niño.

[29] Algo que, sin duda, puede pasarnos ahora desde una perspectiva internacional ante el tema de la migración por causas de pobreza e inequidad,

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José Alfredo Peris Cancio & José Sanmartín

Profesores de la UCV San Vicente Mártir en el Grado en Filosofía.

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